He despertado con pesadillas estos días. Sueños a destiempo, temores que no puedo confirmar porque se relacionan con quien ha sido vedado de mi vida, pero que no, sigue ahí y seguirá hasta que el alzheimer me llegue.
Siempre dije que no podíamos sacar gente de nuestra vida o nuestra historia, porque no seríamos lo que somos sin ese tramo de paraíso o de infierno.
Y heme acá, recordando tras el especial de Copano del 2006 del San Valentín de mierda, una de mis películas favoritas que había olvidado brutalmente.
Si te pudiera borrar, en verdad... me terminaría arrepintiendo.
Tal como ahora, por sacarte de mi vida.
Pero sé también que si no lo hago, jamás cerraré del todo.
Algo debiste aprender de mí. Y es justamente el que me hayas dicho lo contrario, lo que me duele.
Puedes tener todos los reparos que existan, tal como tengo yo los míos. Pero el no haberte sido de provecho, según tus palabras, es lo que me carcome.
En algún minuto, todos aprenderemos. Algo. Lo que sea. En algún minuto, espero, seré de utilidad para alguien. Sólo como remordimiento de no haberlo sido para ti, aunque lo intentara con todas mis fuerzas.
Con beneficio de inventario
Si pasa, no se tome en serio lo que digo. Guarde prudente recelo. Es su locura o la mía.
miércoles 15 de febrero de 2012
domingo 15 de enero de 2012
Recuento
De a poco me he ido armando de paciencia y de tripas de hierro para dejar de sensibilizarme con mi auto ostracismo. Ya no me pesa tanto el no tener nadie con quien conversar por las ventanas porque siempre hincho a un pobre cristiano que me tiene paciencia todavía; ya me acostumbré a mi almuerzo musical huyendo de la gente porque el resto está trabajando y a los que no, no los quiero ver; de a poquito el mundo se va ampliando su poco y, aunque no vea mucho a nadie, no se siente tan feo.
Lo único malo es que mi cabeza sigue tan cuentera como siempre lo ha sido, así que armo teatros mentales quizá con mayor facilidad que antes, con gente que en verdad no sé si se dé para ello.
Entre salidas inesperadas, que la verdad me han sorprendido gratamente (como la salida a bailar tango que me dejó con hartas vergüenzas encima, pero con un muy buen rato, o el evento al que me invitaron esta semana, que fue una sorpresa y muy nostálgica en cierta medida), gente que estoy conociendo de a poquitos, actividades estrambóticas y resultados académicos que no me esperaba en verdad, las cosas van tomando un mejor cariz del que esperaba hace unos meses atrás. De a poco me voy viendo como la idiota de siempre, sonriendo por imágenes creadas a partir de nada por mi imaginación, pero que hacen que me vaya riendo sola por la vida, en la mitad de la calle, con la música a todo volumen en los oídos.
Tengo al menos la libertad de andar idiota por la vida sin afectar a terceros, porque definitivamente los obvío aunque estén por mi lado (y como con los que hablo ando más descarnada y cruel que nunca, se enteran de opiniones más crudas pero más aterrizadas), y el placer de mutar a la antigua Pilar -léase la maldita melosa que casi no mata a nadie- con los otros por el simple deseo de ser amigable... o más bien el serlo genuinamente, sin terrores detrás que lo gesten.
Lo único malo es que frente a muchos quedo como una maldita perra sin educación, pero.... al final, da igual, porque sólo queda este año de verlos (o de que me vean) así que mucho no creo que sufra(n).
Lo único malo es que mi cabeza sigue tan cuentera como siempre lo ha sido, así que armo teatros mentales quizá con mayor facilidad que antes, con gente que en verdad no sé si se dé para ello.
Entre salidas inesperadas, que la verdad me han sorprendido gratamente (como la salida a bailar tango que me dejó con hartas vergüenzas encima, pero con un muy buen rato, o el evento al que me invitaron esta semana, que fue una sorpresa y muy nostálgica en cierta medida), gente que estoy conociendo de a poquitos, actividades estrambóticas y resultados académicos que no me esperaba en verdad, las cosas van tomando un mejor cariz del que esperaba hace unos meses atrás. De a poco me voy viendo como la idiota de siempre, sonriendo por imágenes creadas a partir de nada por mi imaginación, pero que hacen que me vaya riendo sola por la vida, en la mitad de la calle, con la música a todo volumen en los oídos.
Tengo al menos la libertad de andar idiota por la vida sin afectar a terceros, porque definitivamente los obvío aunque estén por mi lado (y como con los que hablo ando más descarnada y cruel que nunca, se enteran de opiniones más crudas pero más aterrizadas), y el placer de mutar a la antigua Pilar -léase la maldita melosa que casi no mata a nadie- con los otros por el simple deseo de ser amigable... o más bien el serlo genuinamente, sin terrores detrás que lo gesten.
Lo único malo es que frente a muchos quedo como una maldita perra sin educación, pero.... al final, da igual, porque sólo queda este año de verlos (o de que me vean) así que mucho no creo que sufra(n).
domingo 1 de enero de 2012
Año 2012
La centésima entrada -según el contador del escritorio- la ocuparé en lo que viene.
No hablaré del que se fue, proque no fue malo, sino que terminó como el hoyo, con todas sus letras.
Pero este año espero que sea distinto. Partió en aires distintos; en los que me vieron llegar al mundo-Valparaíso- para ver si me llenaban de vibras distintas. Los milagros pueden ocurrir, nunca se sabe.
Este año, parte con personas distintas. Por sanidad mental, a todos aquellos que quise y que tuve cerca mío, los alejo conciente y con plena capacidad de entender lo que hago. Y no es por desagradecida, como probablemente se entiende por mi cero tino al explicarlo. Lo hago para no terminar como el cacho indeseado ni como el lastre que siempre se queja. Seguiré haciéndolo, de ello no cabe duda, mas no con ellos porque han recibido mucho ya y todo tiene su límite. Probablemente, cuando ya mi cabeza esté en orden nuevamente, y no en caos como ahora, volveré a tratar de reestablecer los lazos importantes. Y si no se puede, pues agradecida no más, que es por decisión mía el alejarse.
Comenzaré de cero, espero, con amistades, soledades y empeños nuevos. Trataré de encontrar pega, y si no, seguiré siendo la misma estudiante pobre con presupuesto pobre que he sido siempre. Las lucas no tienen por qué neurotizarme tanto, porque ya no hay en quién gastarlas.
Trataré de ser una estudiante más decente -porque hay que ser realistas, y no me volveré una estudiante modelo de un día para otro- para poder ser una ayudante que valga la pena en el ramo que me gusta; trataré de ser más tolerante con las malas notas, las frustraciones por causa de ello y de regular mejor los nervios traicioneros, que me hacen enfermar siempre antes de un control importante.
Trataré de juntarme más con mis amigas, esas que han estado toda una vida -casi- conmigo, que me conocen por el sólo timbre de voz y que me tienen caladita, caladita, como sandía.
Trataré de ayudar a los enanos, con lo del colegio; trataré de no neurotizarme tanto con ellos, porque también pasé por la edad del pavo y bien mierda que fui, así que lo justo es justo.
Trataré, por último, creo, de sanar las imbecilidades intrínsecas para poder dejar ir los recuerdos de una vez y dejar de odiar instintivamente, porque son odios tan fulminantes como pasajeros, contra quien no se lo merece. Quizás así termino de crecer.
Feliz año a los que se crucen por acá.
No hablaré del que se fue, proque no fue malo, sino que terminó como el hoyo, con todas sus letras.
Pero este año espero que sea distinto. Partió en aires distintos; en los que me vieron llegar al mundo-Valparaíso- para ver si me llenaban de vibras distintas. Los milagros pueden ocurrir, nunca se sabe.
Este año, parte con personas distintas. Por sanidad mental, a todos aquellos que quise y que tuve cerca mío, los alejo conciente y con plena capacidad de entender lo que hago. Y no es por desagradecida, como probablemente se entiende por mi cero tino al explicarlo. Lo hago para no terminar como el cacho indeseado ni como el lastre que siempre se queja. Seguiré haciéndolo, de ello no cabe duda, mas no con ellos porque han recibido mucho ya y todo tiene su límite. Probablemente, cuando ya mi cabeza esté en orden nuevamente, y no en caos como ahora, volveré a tratar de reestablecer los lazos importantes. Y si no se puede, pues agradecida no más, que es por decisión mía el alejarse.
Comenzaré de cero, espero, con amistades, soledades y empeños nuevos. Trataré de encontrar pega, y si no, seguiré siendo la misma estudiante pobre con presupuesto pobre que he sido siempre. Las lucas no tienen por qué neurotizarme tanto, porque ya no hay en quién gastarlas.
Trataré de ser una estudiante más decente -porque hay que ser realistas, y no me volveré una estudiante modelo de un día para otro- para poder ser una ayudante que valga la pena en el ramo que me gusta; trataré de ser más tolerante con las malas notas, las frustraciones por causa de ello y de regular mejor los nervios traicioneros, que me hacen enfermar siempre antes de un control importante.
Trataré de juntarme más con mis amigas, esas que han estado toda una vida -casi- conmigo, que me conocen por el sólo timbre de voz y que me tienen caladita, caladita, como sandía.
Trataré de ayudar a los enanos, con lo del colegio; trataré de no neurotizarme tanto con ellos, porque también pasé por la edad del pavo y bien mierda que fui, así que lo justo es justo.
Trataré, por último, creo, de sanar las imbecilidades intrínsecas para poder dejar ir los recuerdos de una vez y dejar de odiar instintivamente, porque son odios tan fulminantes como pasajeros, contra quien no se lo merece. Quizás así termino de crecer.
Feliz año a los que se crucen por acá.
lunes 26 de diciembre de 2011
Ñe
Sip, de a poco me voy volviendo grinch de propia voluntad. Y es que al final de todo, de una vez la cara interna, que trataba de no ver, está saliendo. Voy aprendiendo cada día más cuan víbora puedo ser, cuan rencorosa y mala clase. De a poco voy enfrentando el hecho de que la ternura que dicen que tengo no deja sino de ser una muy coherente máscara de protección (y que debo reconocer, bastante elaborada.) Si mi temor es quedarme sola, la mejor manera de no quedar desvalida es causar una impresión tal de indefensión o de idiota compasión, para lograr un propósito trunco. Pero esta objetivación del por qué negaba siempre tal calificativo llegó de forma más fría de lo que había esperado.
Sí, me aíslo, y si bien por un lado tengo la firme intención de mandar a medio mundo al carajo- no porque hayan hecho algo malo; en esencia todas esas personas son buena gente- porque me desagradan, me molestan, me empelotan que sean tan happys y tan puros y tan empolvados en polvo rosa, hay otra parte que los echa de menos, porque en algún minuto compartió con ellos y se sintió relativamente cómoda y feliz en tal entorno.
Sin embargo, por muy "pasajera" que se espere que sea esta reacción, la realidad va tomando otro cariz. De verdad estoy dividida en esas dos partes, y la primera va ganando nada más que por mi favoritismo por ella. A ver si acaso soy capaz de verdad de ser indolente; ver qué tan lejos puede quedar el odio y el rencor mayoritariamente injustificado...
Quizás en verdad no deja de ser sino otro patético intento de ver a quién en verdad afecta que esté o no. Por lo pronto, no guardo grandes esperanzas. Sólo una sensación de exhibicionismo, al declararlo abiertamente acá. Total, ndeja de ser un mosquito escondido tras una cortina. No incordia a nadie.
Sí, me aíslo, y si bien por un lado tengo la firme intención de mandar a medio mundo al carajo- no porque hayan hecho algo malo; en esencia todas esas personas son buena gente- porque me desagradan, me molestan, me empelotan que sean tan happys y tan puros y tan empolvados en polvo rosa, hay otra parte que los echa de menos, porque en algún minuto compartió con ellos y se sintió relativamente cómoda y feliz en tal entorno.
Sin embargo, por muy "pasajera" que se espere que sea esta reacción, la realidad va tomando otro cariz. De verdad estoy dividida en esas dos partes, y la primera va ganando nada más que por mi favoritismo por ella. A ver si acaso soy capaz de verdad de ser indolente; ver qué tan lejos puede quedar el odio y el rencor mayoritariamente injustificado...
Quizás en verdad no deja de ser sino otro patético intento de ver a quién en verdad afecta que esté o no. Por lo pronto, no guardo grandes esperanzas. Sólo una sensación de exhibicionismo, al declararlo abiertamente acá. Total, ndeja de ser un mosquito escondido tras una cortina. No incordia a nadie.
Una Mujer
Una mujer es de sol y de ceniza.
No sabe medir la distancia ni dimensiona bien las cosas.
Todo se está alejando para ella.
El presente se le vuelve pasado tan vertiginosamente que necesita hablado y afirmado para que se le vuelva tangiblemente realidad.
Por eso una mujer pregunta lo mismo muchas veces: porque sólo superponiendo las respuestas con la carbonilla indeleble de la repetición para que éstas coincidan, consigue acuñar una respuesta: monedita que atesora.
Ella es la playa de donde todo parte: el mar, la vida, el diario viaje del hombre y de los hijos.
De ella nace todo ... y no le pertenece nada.
Ella siente que su misión es dar: partir el fruto, abrir los pétalos dulces de su corola, y recibir le provoca culpa.
Quisiera ser un puerto de llegada, y es un puerto de paso, de partida.
Es el mundo el que gira loco por sus venas. No lo alcanza, sin embargo, porque está esperando y tiene miedo de irse y de que no la encuentren. ¿ Y si llegaran cuando yo no estoy? Una mujer es una vestal que cuida el fuego y guarda los recuerdos.
Nunca ha tenido algo completamente. Hasta su cuerpo es una duda que sangra cada mes, dejando huir un sueño o un temor o una esperanza ...
Es una orilla que no puede detener el río: lo acompaña en el instante de su paso y ni siquiera sabe si el espejo del agua se ha llevado su imagen.
Por eso una mujer necesita que se le digan todas las palabras del amor. Que se las repitan una y otra vez, así, al desvanecerse el primer sonido otro nuevo sonido se las entregue, enteras.
Y entonces ella será la caracola casi mágica que guardará en su interior el murmullo del agua del océano.
Una mujer tiene que pedir. Si no pide, se olvidan de darle.
y cuando le dan porque ella pide, recibe con dolor.
Pero no puede prescindir de todo, y aunque pedir la humille, pide, pide, pide siempre.
Y pide mucho para que no dejen de darle un poquitito.
Igual a los perros abandonados en la calle, que responden a cualquier silbido, ella sigue al que la llama con un retacito de ternura.
Le parece que crece con apuro, pero siempre está igual, desvalida detrás de su armadura de segura o de indiferente.
Una mujer no sabe perdonar porque no tiene acceso al olvido.
Desde niña le han ordenado: "No te olvides", y ella pensó que no tenía que olvidarse de nada. Y cada dolor está en ella tan crudo, tan vivo, tan presente, que para aliviarlo tiene que vengarse.
Casi nunca cuenta cuál es su venganza, porque teme ser castigada.
¡La han castigado tanto ya!
Sus venganzas, tontas, sutiles o monstruosas, son su único secreto. No se las confiesa a nadie.
De nada serviría entregarlas a alguien que las volviera en su contra, como acostumbra a usar en contra de los otros las cosas la gente que las conoce.
Una mujer imagina tan violentamente, que es como si viviera lo que imagina.
Ve cine en el techo de su cuarto y es la protagonista de películas que ninguno sospecharía.
Tal vez sea ella misma solamente cuando se sueña, se inventa, se sumerge en ese cine solitario de su pensamiento.
Y a veces, ese cine solitario de su pensamiento es el único pensamiento sobre ella que rueda por el mundo ...
Las largas horas de la soledad le han impuesto su título de solitaria, de soñadora, de inventora, de creadora de irrealidades que son su precaria realidad posible.
¿A una mujer quién la nombre, quién le dice su nombre? Casi nadie.
Podría ser cualquier mujer y no ella en el momento más hondo del amor, cuando el hombre le dice "amor", le dice "corazón", le dice "cielo" ... pero no le dice su nombre, el nombre que la dibuja, que la colorea, que la recorta de las fotografías.
Una mujer casi nunca está entera. Fue haciéndose de a poquititos y también se morirá de a poquititos.
Porque una mujer no es una fruta que se desprende de pronto del árbol, como los hijos, como los hombres. Es una flor que se va deshojando pétalo a pétalo, avergonzándose de su sufrimiento pero aceptándolo como un rito, como una obligación ineludible o una maldición ancestral.
Una mujer está expuesta y casi siempre en carne viva, cicatrizando.
Tapándose las heridas para que no le echen vinagre sobre ellas.
Los hombres no pueden resistir la tentación de echar vinagre en las heridas, y ponen la excusa de intentar curarlas así. Por eso justifican las luchas, las guerras, las competencias despiadadas y crueles y las tildan de necesarias o beneficiosas ...
Una mujer, aun derrotada, deshecha, desahuciada, arremete igual.
Vuelve a empezar..
Vuelve a repetir los gestos del amor, de la. desolación, de la espera, de la pérdida, de la despedida, de la credulidad, del asombro.
Y repite las mismas preguntas, una vez, mil veces, un millón de veces, aunque la respuesta no sea la buscada, la esperada, la necesitada, la que la resucite o la haga brillar como un cocuyo emergido del césped mojado del verano, como una lentejuela rápida del traje de la bailarina.
Y seguirá preguntando incansablemente, insaciablemente. Seguirá preguntando: " ¿ Me querés?" " ¿ Me querés ?" "¿ Me querés?".
Poldy Bird
No sabe medir la distancia ni dimensiona bien las cosas.
Todo se está alejando para ella.
El presente se le vuelve pasado tan vertiginosamente que necesita hablado y afirmado para que se le vuelva tangiblemente realidad.
Por eso una mujer pregunta lo mismo muchas veces: porque sólo superponiendo las respuestas con la carbonilla indeleble de la repetición para que éstas coincidan, consigue acuñar una respuesta: monedita que atesora.
Ella es la playa de donde todo parte: el mar, la vida, el diario viaje del hombre y de los hijos.
De ella nace todo ... y no le pertenece nada.
Ella siente que su misión es dar: partir el fruto, abrir los pétalos dulces de su corola, y recibir le provoca culpa.
Quisiera ser un puerto de llegada, y es un puerto de paso, de partida.
Es el mundo el que gira loco por sus venas. No lo alcanza, sin embargo, porque está esperando y tiene miedo de irse y de que no la encuentren. ¿ Y si llegaran cuando yo no estoy? Una mujer es una vestal que cuida el fuego y guarda los recuerdos.
Nunca ha tenido algo completamente. Hasta su cuerpo es una duda que sangra cada mes, dejando huir un sueño o un temor o una esperanza ...
Es una orilla que no puede detener el río: lo acompaña en el instante de su paso y ni siquiera sabe si el espejo del agua se ha llevado su imagen.
Por eso una mujer necesita que se le digan todas las palabras del amor. Que se las repitan una y otra vez, así, al desvanecerse el primer sonido otro nuevo sonido se las entregue, enteras.
Y entonces ella será la caracola casi mágica que guardará en su interior el murmullo del agua del océano.
Una mujer tiene que pedir. Si no pide, se olvidan de darle.
y cuando le dan porque ella pide, recibe con dolor.
Pero no puede prescindir de todo, y aunque pedir la humille, pide, pide, pide siempre.
Y pide mucho para que no dejen de darle un poquitito.
Igual a los perros abandonados en la calle, que responden a cualquier silbido, ella sigue al que la llama con un retacito de ternura.
Le parece que crece con apuro, pero siempre está igual, desvalida detrás de su armadura de segura o de indiferente.
Una mujer no sabe perdonar porque no tiene acceso al olvido.
Desde niña le han ordenado: "No te olvides", y ella pensó que no tenía que olvidarse de nada. Y cada dolor está en ella tan crudo, tan vivo, tan presente, que para aliviarlo tiene que vengarse.
Casi nunca cuenta cuál es su venganza, porque teme ser castigada.
¡La han castigado tanto ya!
Sus venganzas, tontas, sutiles o monstruosas, son su único secreto. No se las confiesa a nadie.
De nada serviría entregarlas a alguien que las volviera en su contra, como acostumbra a usar en contra de los otros las cosas la gente que las conoce.
Una mujer imagina tan violentamente, que es como si viviera lo que imagina.
Ve cine en el techo de su cuarto y es la protagonista de películas que ninguno sospecharía.
Tal vez sea ella misma solamente cuando se sueña, se inventa, se sumerge en ese cine solitario de su pensamiento.
Y a veces, ese cine solitario de su pensamiento es el único pensamiento sobre ella que rueda por el mundo ...
Las largas horas de la soledad le han impuesto su título de solitaria, de soñadora, de inventora, de creadora de irrealidades que son su precaria realidad posible.
¿A una mujer quién la nombre, quién le dice su nombre? Casi nadie.
Podría ser cualquier mujer y no ella en el momento más hondo del amor, cuando el hombre le dice "amor", le dice "corazón", le dice "cielo" ... pero no le dice su nombre, el nombre que la dibuja, que la colorea, que la recorta de las fotografías.
Una mujer casi nunca está entera. Fue haciéndose de a poquititos y también se morirá de a poquititos.
Porque una mujer no es una fruta que se desprende de pronto del árbol, como los hijos, como los hombres. Es una flor que se va deshojando pétalo a pétalo, avergonzándose de su sufrimiento pero aceptándolo como un rito, como una obligación ineludible o una maldición ancestral.
Una mujer está expuesta y casi siempre en carne viva, cicatrizando.
Tapándose las heridas para que no le echen vinagre sobre ellas.
Los hombres no pueden resistir la tentación de echar vinagre en las heridas, y ponen la excusa de intentar curarlas así. Por eso justifican las luchas, las guerras, las competencias despiadadas y crueles y las tildan de necesarias o beneficiosas ...
Una mujer, aun derrotada, deshecha, desahuciada, arremete igual.
Vuelve a empezar..
Vuelve a repetir los gestos del amor, de la. desolación, de la espera, de la pérdida, de la despedida, de la credulidad, del asombro.
Y repite las mismas preguntas, una vez, mil veces, un millón de veces, aunque la respuesta no sea la buscada, la esperada, la necesitada, la que la resucite o la haga brillar como un cocuyo emergido del césped mojado del verano, como una lentejuela rápida del traje de la bailarina.
Y seguirá preguntando incansablemente, insaciablemente. Seguirá preguntando: " ¿ Me querés?" " ¿ Me querés ?" "¿ Me querés?".
Poldy Bird
miércoles 19 de octubre de 2011
Fin de semestre
Hoy terminaron de subirme las puñeteras notas de los exámenes que faltaban. Para variar, un asco, pero el tema central no es el rendimiento académico cuma que tengo ahora.
Este semestre que se ha hecho eteeeeerno ha dejado en claro que no, la vía fácil definitivamente ya dejó de favorecerme. No significa que ahora todo sea el fruto del sudor de mi frente, porque sinceramente no lo ha sido, pero de ahora en adelante eso es condición sine qua non para que las cosas me resulten.
Voy por la vida con esa dualidad de que todo tiene que salir bien y que tengo que pensar positivo para que las cosas pasen como tengan que pasar, pero para bien; y por otro esa tendencia masoquista brutal de como si quisiera que todo fuera un asco, como si quisiera adrede sentirme como un bicho rastrero.
Depende del día, del momento, del viento o de las alergias que van deambulando, pero como sea, este semestre se me ha hecho -por lejos- el más duro de todos, en cuanto sentido haya existido para interpretar.
Lo malo, volví a la soltería, la ilusión de la ayudantía que quería se fue a las pailas y, en verdad, mucho no aprendí, por estar preocupándome de ayudar para no ser un estorbo, estorbando en el proceso, claramente. Pero lo bueno es que me dejó en claro quienes son los imprescindibles, los reales...ah, y qué quiero hacer profesionalmente, al menos si me resulta de abogada, que si no, la microempresa de manualidades está igual. A coser se ha dicho.
Pero se acabó, se acabó...
Espero que el próximo, sea cuando sea que lo curse, sea más decente. Al menos, académicamente debería serlo, porque el precedente anterior (shiaaa) así lo demuestra.
Ojalá.
Este semestre que se ha hecho eteeeeerno ha dejado en claro que no, la vía fácil definitivamente ya dejó de favorecerme. No significa que ahora todo sea el fruto del sudor de mi frente, porque sinceramente no lo ha sido, pero de ahora en adelante eso es condición sine qua non para que las cosas me resulten.
Voy por la vida con esa dualidad de que todo tiene que salir bien y que tengo que pensar positivo para que las cosas pasen como tengan que pasar, pero para bien; y por otro esa tendencia masoquista brutal de como si quisiera que todo fuera un asco, como si quisiera adrede sentirme como un bicho rastrero.
Depende del día, del momento, del viento o de las alergias que van deambulando, pero como sea, este semestre se me ha hecho -por lejos- el más duro de todos, en cuanto sentido haya existido para interpretar.
Lo malo, volví a la soltería, la ilusión de la ayudantía que quería se fue a las pailas y, en verdad, mucho no aprendí, por estar preocupándome de ayudar para no ser un estorbo
Pero se acabó, se acabó...
Espero que el próximo, sea cuando sea que lo curse, sea más decente. Al menos, académicamente debería serlo, porque el precedente anterior (shiaaa) así lo demuestra.
Ojalá.
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meditaciones a la hora de estudio
lunes 26 de septiembre de 2011
Corazón en la mano al habla
No podía seguir leyendo fallos de penal, ni mucho menos, ponerme a estudiar tributario, así que decidí darme el tiempo de la once para ver las páginas de ocio habituales y revisar esta cosa, a ver si encontraba algo decente o que me subiera el ánimo.
Y no, desafortunadamente no. Me topé con que si escribo cuentos, siempre son de locos o muertos o heridos o suicidas. Que si escribo pensamientos, siempre son trágicos, o por pena, ira o despecho; que las pocas entradas lindas, que en verdad hice feliz, fueron por sentimientos que ya no están y que-debo reconocer- temo que no volverán en mucho, mucho tiempo.
Y tengo terror a seguir releyendo entradas hacia atrás. ¿Tan deprimente soy? ¿Tan traumada estoy que no puedo inventar nada feliz? ¿Tanto pavor le tengo a estar sola?
Me deprime horriblemente el no ser capaz de dar vuelta la página de algo que tan claro tuve desde el principio; estoy tan aburrida de sentir el nudo en la garganta cada dos por tres y definitivamente no quiero bajo ningún aspecto terminar odiando o enrabiándome con alguien que no tiene la culpa de nada.
Lo peor es que teniendo las cartas en la mesa, soy incapaz de coger una y poder seguir caminando tranquila y en paz. Es el orgullo malsano al que le gusta picanearme pensando en que ya no le importo a quien en verdad no debería importarle; de que sigo quemando neuronas en alguien que no debo y que, por sobretodo, malgasto el tiempo del resto cayendo en lo mismo una y otra vez, siendo un lastre más que un aporte.
Ese afán masoquista que no consigo sacarme de encima hace que añore cosas que no pasarán, pero que tardé tanto tiempo en planear que -en la cabeza retorcida que tengo- casi fueron palpables al momento de dormir... y esa melancolía de mierda que me persigue hace que, pese a preocupar a medio mundo, me siga sintiendo desesperadamente sola y vacía.
¿Por qué si la cabeza es capaz de procesarlo todo, el pecho sigue oprimiendo a su antojo? Tan racional que me creía, tan manipuladora de mis propios sentimientos y reacciones para jugarle bromas al resto... y ahora las malditas emociones me van ganando la partida....
Ese estúpido deseo de que alguien venga y te abrace y con sólo eso te demuestre que le importas más que a nada en el mundo es lo que me va minando por dentro, y hace que no deje de llorar... porque quizás cuánto tiempo pasó antes de que la decisión cayera encima y de que se tomara en verdad...
Me quise comprar algo sólo para mí, hace unos días, como para reafirmar la estúpida idea de que ahora ya no gastaría en alguien más- sabiendo que en lo más profundo de mí misma (y de mi bolsillo) no me importaría seguir haciéndolo si valiera tanto para mí como solía hacerlo - y terminé comprando maquillaje. Algo muy pequeño, muy discreto, pero para aprender a usarlo. Casi con la idea de que si aprendo a maquillarme, podré cambiar de a poco la máscara que frente al mundo había estado tan reacia de mostrar nuevamente. Y es que no me gusta esa máscara, porque la recuerdo de una frialdad espantosa para conmigo misma, no con el resto. A ver si con el maquillaje se cubren los pedacitos rotos de los que me voy dando cuenta estoy quedando.
Tristemente, pese a todo, sigo con el lamento autocomplaciente que me desespera...y sigo sin hacer nada al respecto...
Y no, desafortunadamente no. Me topé con que si escribo cuentos, siempre son de locos o muertos o heridos o suicidas. Que si escribo pensamientos, siempre son trágicos, o por pena, ira o despecho; que las pocas entradas lindas, que en verdad hice feliz, fueron por sentimientos que ya no están y que-debo reconocer- temo que no volverán en mucho, mucho tiempo.
Y tengo terror a seguir releyendo entradas hacia atrás. ¿Tan deprimente soy? ¿Tan traumada estoy que no puedo inventar nada feliz? ¿Tanto pavor le tengo a estar sola?
Me deprime horriblemente el no ser capaz de dar vuelta la página de algo que tan claro tuve desde el principio; estoy tan aburrida de sentir el nudo en la garganta cada dos por tres y definitivamente no quiero bajo ningún aspecto terminar odiando o enrabiándome con alguien que no tiene la culpa de nada.
Lo peor es que teniendo las cartas en la mesa, soy incapaz de coger una y poder seguir caminando tranquila y en paz. Es el orgullo malsano al que le gusta picanearme pensando en que ya no le importo a quien en verdad no debería importarle; de que sigo quemando neuronas en alguien que no debo y que, por sobretodo, malgasto el tiempo del resto cayendo en lo mismo una y otra vez, siendo un lastre más que un aporte.
Ese afán masoquista que no consigo sacarme de encima hace que añore cosas que no pasarán, pero que tardé tanto tiempo en planear que -en la cabeza retorcida que tengo- casi fueron palpables al momento de dormir... y esa melancolía de mierda que me persigue hace que, pese a preocupar a medio mundo, me siga sintiendo desesperadamente sola y vacía.
¿Por qué si la cabeza es capaz de procesarlo todo, el pecho sigue oprimiendo a su antojo? Tan racional que me creía, tan manipuladora de mis propios sentimientos y reacciones para jugarle bromas al resto... y ahora las malditas emociones me van ganando la partida....
Ese estúpido deseo de que alguien venga y te abrace y con sólo eso te demuestre que le importas más que a nada en el mundo es lo que me va minando por dentro, y hace que no deje de llorar... porque quizás cuánto tiempo pasó antes de que la decisión cayera encima y de que se tomara en verdad...
Me quise comprar algo sólo para mí, hace unos días, como para reafirmar la estúpida idea de que ahora ya no gastaría en alguien más- sabiendo que en lo más profundo de mí misma (y de mi bolsillo) no me importaría seguir haciéndolo si valiera tanto para mí como solía hacerlo - y terminé comprando maquillaje. Algo muy pequeño, muy discreto, pero para aprender a usarlo. Casi con la idea de que si aprendo a maquillarme, podré cambiar de a poco la máscara que frente al mundo había estado tan reacia de mostrar nuevamente. Y es que no me gusta esa máscara, porque la recuerdo de una frialdad espantosa para conmigo misma, no con el resto. A ver si con el maquillaje se cubren los pedacitos rotos de los que me voy dando cuenta estoy quedando.
Tristemente, pese a todo, sigo con el lamento autocomplaciente que me desespera...y sigo sin hacer nada al respecto...
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