Si pasa, no se tome en serio lo que digo. Guarde prudente recelo. Es su locura o la mía.
sábado, 17 de julio de 2010
Inet
Por ello es que encuentro tan genial la idea de contratar inet para mi casa, aunque sea por una conexion wi-fi trucha con un vecino que no conozco y que en mi perra vida pensé que iba a necesitar. Pero bueno, aquí estamos, esperando que su propia conexión vuelva para probarla (mientras yo sigo con la querida BB)
Todo esto, nada más que para plantear la idea de cuán complicado es vivir lejos sin poder conectarse con el mundo. Y eso que yo no requiero grandes informaciones, ni el mundo necesita de mí. El solo hecho de no tener idea de cómo está la gente cuando no los veo y se me acaba el saldo del mes del celular (que desde hace muy poco tiempo sospechosamente no me alcanza ¬¬), o de no saber que subieron material o-ahora que estamos en exámenes en la U- de no poder plantear dudas de último minuto o derechamente desaburrirme o desestresarme leyendo idioteces, marca una diferencia importante; una carencia no trascendental, pero sí incómoda.
Espero que esas negociaciones truchas que está haciendo mi padre - en las que buena parte de culpa tengo yo- resulten; que yo no me pegue como lapa al compiu post conexión y que algo bueno salga de este esperado fin al aislamiento virtual, que para el físico faltan años. Tantos, como los necesarios para ser independiente económicamente y vivir sola o con alguien más.
Amén.
lunes, 28 de junio de 2010
De vuelta
Hace frío, ya, a estas alturas. Y acaba de comenzar el invierno.
Debería estudiar. A fin de cuentas, en un día comienzo los exámenes. Tercer año ya. Quinto semestre. La mitad de la vida académica universitaria estandar. Y yo sin saber hacia dónde me lleva la vida.
Hago planes, sí; descabellados, ilusos, con una base tambaleante sólo por el hecho de no poder sustentarse en el tiempo, más allá de que las intenciones sean puras y fuertes, como debieron haberlo sido desde un comienzo.
Pero la mera voluntad no significa que se vayan a cumplir.
La familia se disgrega y se une por caminos tan extraños que ya ni siquiera me doy el trabajo de entenderlos. Los quiero, solamente.
Los amigos se envuelven en neblina, porque ya no sé por qué derroteros van. Unos me evitan dolorosamente; otros se alejan deliberadamente; allá ellos, verán qué hacer mientas tanto, aunque siempre mi disposición estará con ellos para cuando necesiten una mano, un hombro o un abrazo.
Los amores se ensanchan, se forjan, se endurecen. Crecen y maduran, avanzan a paso firme y potente. El corazón se fusiona dulcemente con el alma, y ésto con el cuerpo, que se funde con otro que siente lo mismo que el propio. Sutilezas más, sutilezas menos, es el camino que se escoge de a dos, de a tres o de a cuarto, según sea la cantidad de personas que esconden un cuerpo o una mente.
Divagaciones varias, que eluden la real inspiración, ésa que no llega por tratar de cederle el puesto a la responsabilidad, mientras ésta se va de viaje junto a la razón cediéndole paso al cariño, a la añoranza y al deseo.
viernes, 18 de junio de 2010
caracol!
Un caracol no tiene que preocuparse por pruebas, ni por dramas existenciales, ni por acosos ni nada; con suerte, de que una humana no lo lance sobre las hormigas o de que lo pisen a mitad de la vereda.
Quiero ser un caracol hoy. Salvo por el hecho de que no puedo sacar mis antenitas al sol, porque está lloviendo a cántaros...
lunes, 24 de mayo de 2010
Confesión
Es en esos momentos en los que el silencio no es opcional, sino opresivo, en que nadie más está despierto o cuando estoy descansando del estudio, que mi cabeza me juega malas pasadas. Y es que la imaginación es más tétrica que jugosa, y en vez de llevarme por senderos de malpensadez, jugoseo, teatros mentales (amorosos, subentiéndase) u otros por el estilo, deriva por el sadismo y la crueldad de la que reniego en cuanto tengo oportunidad, y me lleva de paseo por las peores tragedias imaginables, despertando -obviamente- las alertas de manera instintiva y casi paranoica.
Y es terrible, porque me da miedo incluso el abrir los ojos (si estoy durmiendo) o el mirar hacia los lados o por las ventanas (si estoy estudiando, y ni pensar en entrar en algún lugar con las luces apagadas... menos donde haya espejos o algo en lo que me refleje), y ni así se disipa el temor. Aguzo el oído al extremo de que cada sonido me pone más y más alerta y saltona, generando nuevas oleadas de tétrica inspiración para mi sádico inconciente.
Eso, además de los temores innatos y estúpidos que tengo (que otro sismo, que un robo, que... mil y un tragedias que reniego por el hecho simple del llamado a la tragedia que siempre ocurre) implica una sensación permanente de peligro mientras sea la única despierta en mi entorno, aún sabiéndome acompañada por el conjunto durmiente de toda mi familia alrededor.
Me imagino mil y un cosas que no ayudan a la paz mental, y soy incapaz de frenarlas una vez que se han desatado en mi cerebro... siguen su curso propio, y no acaban sino hasta que me duermo - nada más que porque escasamente recuerdo lo que sueño, y si lo hago, frecuentemente son sueños o muy muy felices o muy extraños que me dejan en las dudas- o hasta que me voy a dormir con alguien más (léase mi madre :D)
Pero el estar acompañada no sirve de nada si el origen de mi terror está en mi cabeza...
domingo, 18 de abril de 2010
If...
Si lo pienso detenidamente, en realidad ¿cuánta gente así lo haría? Y no por el hecho de estar cansados, ni de que se les ofrece la oportunidad de tirarse a hacer nada. ¿Quién querría realmente tenderse junto a mí y dejar pasar el tiempo, confortado por la presencia mutua solamente?
Hay veces en que puedo resonderme eso, con una sonrisa traviesa; otras, con un dejo de melancolía.
¿Quién, dentro de las circunstancias actuales, querría olvidarse el mundo? Eso, porque siempre estamos pendientes de todos, de si están haciendo o necesitando algo nuestros seres queridos, o si debemos hacer algo para algún trabajo o para la misma U, en mi caso. ¿Quién, conciente y voluntariamente, querría tenderse a olvidar al resto, conmigo?
He de admitir que es una idea que me enternece, al mismo tiempo que me complica, porque la influencia de este deseo no se restringe a un sólo ámbito; mientras más personas queribles haya, más personas tendrán a alguien junto a sí,. para tenderse a olvidar el caos en el que estamos insertos.
sábado, 3 de abril de 2010
...
y aún así, siento unas ganas enormes de echarme en la acama y largarme a llorar.
Quizá es porque extraño cosas. No sanas, no coherentes, pero que son necesarias igual.
Tengo unas ganas horrendas de llorar, de llorar... de hacer un río que mane derechamente de mis ojos, que se lleve todo lo que siento tan pesado dentro mío; que se lleve los temores,las aprehensiones, las culpas... que se lleve todo, y que me limpie de una vez.
Quiero volver a ser alegre, sincera, confiada; quiero dejar de ver el mundo a través de un filtro que no soporto, que no quiero, que no aguanto. Ya no quiero mentir más, parar de mentirme más...
Quiero un abrazo de esos que calan hodo, que recuperan, que demuestran que se dan con afecto; no ésos que son sólo armazón ósea.
¿Alguien por ahí me querrá querer?
jueves, 25 de marzo de 2010
Mausoleo
Pero vino ese terremoto del demonio, que hizo que las cúpilas que cubrían tu cielo se cayeran, que el mármol se rompiera y asomaras allí, de nuevo, volviendo del infierno al que te deseé enviar tiempo ha.
Y volviste, y los temores que había enterrado contigo surgieron; y nació de nuevo la inquetud, la duda, la inconciencia. Volví al estado primigenio una vez derrumbado ante mis ojos el sitio que tenía sagrado para rendirte respeto, pero ya no más cariño.
Y se cayó, se partió en mil pedazos, que se esparcieron entre mis pies cuando todo bajo ellos se movió con violencia...
Te tenía en un lugar bonito, ¿sabes? Pero no sé si pueda volver a construirte algo así. No sé si mi pecho se vuelva de hielo otra vez, o si los recuerdos acuñados contigo tengan la suficiente fuerza como para volver a sepultarte bajo el mármol que, por muy blanco y puro que sea, no dejará de ser tan frío como tu mirada, ésa que se regresa a atormentarme cada noche después de que se moviera el piso.
No sé si quiera de nuevo llorar en cada ladrillo que te vaya cubriendo, como lo hice en su momento. No sé si tendré paciencia para construir tu recuerdo. No sé si me alcanzará el cariño para que descanses un poco, o si sólo será la costumbre la que me haga moldearte una cárcel de por muerte.
Este terremoto remeció lo más hondo. Pero también removió mi cabeza.
Quizá me harte de todo y te mande derechamente a una tumba corriente, entre los pabellones. O a la fosa común, donde no tendrás ni siquiera alguien que te vaya a poner flores.
Porque ya nadie -ni siquiera yo- sabrá de tí jamás.