Estaba allí, de nuevo.
Como en sus peores pesadillas.
Parada quizás cómo, porque todo, TODO a su alrededor era del negro más profundo. Probablemente era el olvido mismo; ni ruido se oía. Ni su propia respiración.
Y luego, como siempre, la voz. Esa misma, melosa y penetrante...
-¿De nuevo por aquí? ¿Tratando de convencerte de que eres humana?
-Déjame en paz.
-¿Por qué, si eres tú la que viene siempre a irrumpir a mis dominios? Asúmete, quieres enfrentar la verdad y no puedes...
-Déjame en paz, te dije...
Ya estaba acostumbrada a pelearse con la voz maldita, pero ello no quitaba el hecho de que la aterrorizaba hasta lo más hondo... si cabía.
-¿Qué dudas ahora? ¿Apareció...? ¡Ah!- la voz hizo una pausa, una infinita pausa.
Ella se sintió atravesada por un lo que habría sido un viento helado de haber corrido aire en ese lugar.
-Así que hay un "alguien" al que pretendes "querer"... Chica ingenua... aún no aprendes..
-Calla de una vez....-ella se tapó los oídos (con la nula esperanza de que ello bloqueara la voz) y se volteó. Al hacerlo, notó algo que no había visto antes: un espejo de cuerpo completo.
Se acercó, temerosa. Asumió que, por el hecho de notarlo, habría algo más de luz.
Al llegar a él, reconoció -no sin cierta dificultad- su propio rostro asustado, apenas dibujado por un halo de luz que brotaba de ella misma. Pero era tan débil...
-¿Puedes verte allí? -dijo la voz, sobresaltándola. Ella miró a todos lados, y cuando volvió a mirar al espejo, soltó un grito. Tras de ella sólo habia un rostro. No cuerpo, no luz. Sólo un rostro burlón que la miraba a través del reflejo. Miró sobre su hombro; no había nada.
-Curioso... crees verme a mí, pero no te ves tú...
-¿Eres tú la...?
-¿Yo? ¿Aún no entiendes, niña?-dijo la voz (ahora con rostro) de manera estremecedoramente burlesca.- YO soy tú... o más bien, lo REAL que eres tú.
-¿Qué? Voz, no me asustas. Tú no puedes ser yo.
-Claro que lo soy... más bien, tú eres la cáscara que construyes para no volver a mí.
-...
-¿O piensas que todos esos sentimientos que "afloran en tí"-dijo la voz imitándola- son reales?
-No dudes de lo que siento por--
-Tú no sientes, niña. Tú mientes, tú actúas... tú te convences de que quieres algo y convences al resto de que es la verdad. Tú no eres real. Tú no estás viva.
-Cállate...-dijo ella, tapándose los oídos otra vez y alejándose del espejo.
-¿Por qué, si soy tu voz hablándote desde el vacío que tienes en el pecho?
-Cállate...-dijo más fuerte.
-¿Para qué, si siempre vuelves a mí para que te diga exactamente lo mismo?
-Cállate...-dijo casi gritando.
-¿Y qué ganarías si lo hiciera?
-¡CÁLLATE!- terminó aullando ella, girando la cabeza de un lado a otro, negando todo lo que había oído.
Como si alguien fuera a confirmarle la mentira de esas palabras.
Cerró los ojos, sintiendo cómo las lágrimas se formaban en sus ojos...mas pronto se sorprendió de que no había nada en ellos queriendo caer. Los abrió, y destapó sus oídos.
-¿Voz?
Nada. La nada absoluta.
Y ella sola. Sola.
Buscó con la mirada en la insondable oscuridad algún sitio de donde emanara de nuevo esa luz mortecina de un rato antes (de ella, claramente, no volvía a salir), o el espejo.
Pero mientras se giraba, sintió que una mano la tomaba de la barbilla y fue capaz de ver, con espanto, que la voz y ese rostro burlón estaban a un palmo de su nariz.
-Entiende... estás muerta... porque no sientes ni sentirás nada jamás...jamás...
La voz terminó en risitas burlonas, mientras ella no podía gritar su horror.
Era su cara.
Si pasa, no se tome en serio lo que digo. Guarde prudente recelo. Es su locura o la mía.
sábado, 4 de septiembre de 2010
viernes, 3 de septiembre de 2010
(inserte nombre)
Estaba harto.
Harto de su ingenuidad inventada, de su tripolaridad, de su asfixiante presencia. De que creyera que todo giraba en torno a ella.
La odiaba. Con todo el cuerpo. Le repelía tenerle cerca, el verse forzado a besarla, a tocarla, a mirarla siquiera.
La aborrecía. Lo único que quería era que se la tragara la tierra, que le pasara un auto encima, que... cualquier cosa, pero que desapareciera de su vida.
Pero no podía. No aún, al menos.
Mas...
Estaba ahí, al lado suyo, más indefensa que nunca. Durmiendo, como un cachorro desvalido...
Pensó en lo que le esperaría: juicio, cárcel, quizá una violación en las duchas...
Le daba igual, eliminar esa lacra del mundo lo valdría.
Sobreponiéndose a su asco, se sentó sobre su vientre, sellando sus piernas con la presión de de las propias. Buscó sus manos, y las unió sobre la detestable cabeza.
Harto de su ingenuidad inventada, de su tripolaridad, de su asfixiante presencia. De que creyera que todo giraba en torno a ella.
La odiaba. Con todo el cuerpo. Le repelía tenerle cerca, el verse forzado a besarla, a tocarla, a mirarla siquiera.
La aborrecía. Lo único que quería era que se la tragara la tierra, que le pasara un auto encima, que... cualquier cosa, pero que desapareciera de su vida.
Pero no podía. No aún, al menos.
Mas...
Estaba ahí, al lado suyo, más indefensa que nunca. Durmiendo, como un cachorro desvalido...
Pensó en lo que le esperaría: juicio, cárcel, quizá una violación en las duchas...
Le daba igual, eliminar esa lacra del mundo lo valdría.
Sobreponiéndose a su asco, se sentó sobre su vientre, sellando sus piernas con la presión de de las propias. Buscó sus manos, y las unió sobre la detestable cabeza.
Ella lo miró a través de los ojos entreabiertos, no entendiendo nada. Los cerró de nuevo, dejándose hacer... hasta que sintió que sus muñecas eran estrujadas de forma demasiado violenta. No entendía nada, recién habían dejado de jugar esos juegos sádicos a los que siempre terminaba sometida, todo para no ver en él esa misma locura que la aterraba tanto. Si no fuera tan frágil...
Notó que había abierto los ojos, pero ya estaba decidido. Con la mano libre que le quedó, agarró su cuello, y presionó, presionó, hasta que sus yemas quedaron blancas mientras el cuello enrojecía y la perra a la que pertenecía jadeaba, tratando de librarse de la garra que la estaba ahorcando.
Se revolvió, sintiendo sus piernas atrapadas, su vientre aplastado y sus brazos inmovilizados (¡si no fuera tán frágil!); y sintiendo que la presión subía y subía, que no podía respirar, que no podía librarse... Y no entendía, no entendía...
Presionó hasta que sintión que la resistencia en los brazos bajaba ostensiblemente, momento que aprovechó para soltar el agarre de las muñecas y reforzar el del cuello. No faltaba mucho.
Trató de abrir los ojos, quizá inyectados en sangre, para ver ese rostro y tratar de descifrar por qué, por qué...
Sintió un último intento de liberacción, y aferró más aún el agarre. Lo mantuvo, al igual que su respiración, unos momentos más.
Y se sintió libre.
Y se sintió libre.
domingo, 29 de agosto de 2010
Estaba loca

Estaba loca.
Con esa mirada maníaca, con ese aire de demonio en cara de ángel, con esos pies siempre azules porque jamás toleraban zapatos; con esos brazos flacuchos que parecían ramitas secas.
Estaba loca, y corría por la casa, riendo como endemoniada; yendo a saltos por el corredor, tarareando canciones de cuna, meciendo un bulto imaginario, resguardando su vientre de cualquiera que se le acercara para darle la medicina.
Estaba loca, no se sabía por qué; estaba loca y les daba lo mismo. La conciencia en ella se había quedado estancada en unos ojos que nunca volvieron.
Estaba loca, y reía, reía, sólo para no largarse a llorar y secarse como pasa. Estaba loca, y saltaba en las hojas secas que caían del único árbol de la casa, ése que ella, loca como estaba, había impedido que cortaran gracias a haberse trepado por días, vociferando incoherencias y clavando esa mirada tan clara, tan prístina que dejaba traslucir terroríficamente el tormento que la trastornaba.
Estaba loca, y en las noches, sólo algunas noches, parecía recobrar la cordura, apareciendo con un vestido raído y un cintón torcido en los cabellos enmarañados por la sala (descalza siempre), musitando frases hechas y cumplidos añejos a gente inexistente. Buscando a un doctor, a un destacado psiquiatra que había partido quién sabía cuando, llevándose todo lo que en su interior se guardaba, dejándole sólo la locura a cambio.
Pero sólo eran algunas noches, así que pronto el desvarío era mayor que los recuerdos y en ella se desataba de nuevo el torbellino, que la hacía deshacerse de todo lo que llevara encima (razón incluida) y la incitaba a correr nuevamente por los pasillos, desnuda si sentía demasiada opresión, y a gritar, gritar... con esa sonrisa macabra entre los labios y los ojos inyectados en sueños rotos.
Estaba loca.
sábado, 21 de agosto de 2010
Declaración de principios I
Me da rabia que encasillen a la gente y la molesten por lo que opina; más aún si cambia de ella. No es justo, no es limpio y hace daño el creerse ser el dueño de la verdad.
En este mundo (por decir lo bajo) hay una opinión distinta por cada persona -y sacando promedios-, lo que es totalmente acorde con el mero hecho de considerar que somos todos diferentes; no sólo feno y genotípicamente, sino también por el entorno y la historia de cada vida.
Me molesta, me enfurece, me empelota que juzguen a alguien por sus opiniones, legítimamente diferentes; más aún, que se aprovechen de las "raigambres familiares" al momento de inculcar casi por costumbre ciertas ideas o gustos. Quizá sea por el hecho de que en mi casa siempre se toleró una diversidad de opciones y opiniones y se procuró no imponer limitaciones o sesgos al pensamiento, pero lo cierto es que en aras de esa misma libertad de creencia es que se suele levantar mi switch de defensa de cualquiera que sea herido por ese tipo de susceptibilidades; más aún cuando se actúa en ellas de forma gregaria y sin poder razonador o crítico real.
Eso. Por lo mismo, aquel que sea molestado/herido/atacado en masa o derivaciones, no dude en avisarme o pedir ayuda, que para eso (y un café conversado) siempre habrá tiempo.
En este mundo (por decir lo bajo) hay una opinión distinta por cada persona -y sacando promedios-, lo que es totalmente acorde con el mero hecho de considerar que somos todos diferentes; no sólo feno y genotípicamente, sino también por el entorno y la historia de cada vida.
Me molesta, me enfurece, me empelota que juzguen a alguien por sus opiniones, legítimamente diferentes; más aún, que se aprovechen de las "raigambres familiares" al momento de inculcar casi por costumbre ciertas ideas o gustos. Quizá sea por el hecho de que en mi casa siempre se toleró una diversidad de opciones y opiniones y se procuró no imponer limitaciones o sesgos al pensamiento, pero lo cierto es que en aras de esa misma libertad de creencia es que se suele levantar mi switch de defensa de cualquiera que sea herido por ese tipo de susceptibilidades; más aún cuando se actúa en ellas de forma gregaria y sin poder razonador o crítico real.
Eso. Por lo mismo, aquel que sea molestado/herido/atacado en masa o derivaciones, no dude en avisarme o pedir ayuda, que para eso (y un café conversado) siempre habrá tiempo.
martes, 17 de agosto de 2010
Lo que importa
¿Ves la foto? Linda, ¿a que no?Estamos los dos, tranquilos, felices... no radiantes, pero felices.
¿ves lo que realmente importa en ella?
Hay veces en que nos dejamos arrastrar por pasiones irrefrenables, por deseos ciegos; por temores irracionales y por carencias desgarradoras.
Pero ello no nos puede hacer flaquear en el punto más importante de todo.
¿Me quieres?, preguntas. Y más allá que eso sea casi rutina para decirnos un rosario de cosas para nosostros importantes y que para el resto no sería más que cursilería
¿Me quieres?, preguntas. Y muchas veces ya no hay formas eficientes para decir, para demostrar que las cosas van más allá que el cariño. Que van en un punto en el que la necesidad misma de cubrirte de afecto se ve reducida al absurdo frente al legítimo temor de ver esa carita con atisbos de dolor. Que el fin último que se persigue no es la perversión ni la experimentación (considerando el año) , sino la genuina intención de hacer al otro feliz, de colmarlo de cariño y hacer que la mirada esté siempre iluminada, que la sonrisa sea verdadera y que los formalismos y paradigmas se vayan
¿Me quieres?, preguntas, y tus ojitos brillan. ¿Me quieres?, preguntas, y tus labios incitan a no responder con palabras. ¿Me quieres?, preguntas, y tus brazos estrechan, como si temieran que lo que tienen atrapado pretenda huir. ¿Me quieres?, preguntas...
Y no respondo, porque aunque te tranquilice oírlo, prefiero demostrate cada vez que sea posible que así es... así y mucho más es...
Porque las palabras no son necesarias; sí los gestos y las miradas, que entre nosotros abundan. Sí lo son los guiños, las risas, los silencios... la complicidad que cada vez más aumenta conforme nosostros mismos le vamos añadiendo misterios, mientras los vamos paradójicamente tratando de desentrañar...
¿Ves la foto? Linda, ¿a que no?
¿Puedes ahora ver lo que es importante?
jueves, 29 de julio de 2010
Vicios
Estoy enviciada.
Y no puedo detenerme.
Me da igual el tiempo, el frío, el sueño, el cansancio.
No puedo despegarme de aquí.
De esto, que me cautiva, porque a estas alturas es impredecible.
Ja! Y yo que creía que no iba a sorprenderme de nada. Si a fin de cuentas, ya te había probado antes. Ya había sido informada de todo lo que a tu respecto ocurría...pero no. Te has llevado mi sorpresa por delante, y ni siquiera la conciencia de que tengo mil cosas que hacer, de que tengo responsabilidades a mi cargo, de que no es sano estar contigo, que es más que riesgoso seguir así, a este ritmo...
No puedo dejarte.
(Oh, por la pachamama, benditos sean los mangas y las vacaciones!)
Y no puedo detenerme.
Me da igual el tiempo, el frío, el sueño, el cansancio.
No puedo despegarme de aquí.
De esto, que me cautiva, porque a estas alturas es impredecible.
Ja! Y yo que creía que no iba a sorprenderme de nada. Si a fin de cuentas, ya te había probado antes. Ya había sido informada de todo lo que a tu respecto ocurría...pero no. Te has llevado mi sorpresa por delante, y ni siquiera la conciencia de que tengo mil cosas que hacer, de que tengo responsabilidades a mi cargo, de que no es sano estar contigo, que es más que riesgoso seguir así, a este ritmo...
No puedo dejarte.
(Oh, por la pachamama, benditos sean los mangas y las vacaciones!)
sábado, 17 de julio de 2010
De cassual por la vida

Vas así, caminando, sin preocuparte de por dónde vas. Este momento es sólo de nosotros.
Y vas, ignorando que dejas una huella en cada persona que conoces; una marca en cada ser humano que se cruza en tu camino, al que ayudas o al que hieres, pero al que no dejas indiferente...
Vas, tranquilo, como diciendo...¿a qué te apuras?
Y no te digo nada, nada... porque si fuera y te dijera que busco grabar a fuego esto en mi memoria; que quiero disfrutar cada instante que te tengo, para traerte a mi lado cuando ya no estás, te reirías de mí, como diciendo para qué... si tenemos la vida por delante...
Y vas así, de cassual por la vida, como quien no quiere la cosa... mientras esta loca de patio te mira, te mira y se ríe... y se ríe siempre... por estar feliz.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)