Pensaba, acostada en su cama mirando el techo, en el hastío que sentía.
En realidad estaba harta de sí misma. El mirarse cada día en el espejo, y no ver más que un rostro siempre sonriente, que no era más que una mueca de la que se había acostumbrado, le era muy incómodo ya; el tener que lucir amable para el resto porque así se daban cuenta que existía le tenía molesta, porque -a fin de cuentas- nadie toma en cuenta los gestos que los ajenos hacen por otros ajenos, por mucho que ronden el mismo mundo. Estaba harta de sus cambios de humor, que debía siempre encubrir para no hastiar al resto, o para no preocupar a los que "quería"... que muchas veces quería ver bien lejos, para poder gritar hasta desgañitarse y arrancarse la piel a jirones,a ver si salía luego de ella todo el pus que sentía moverse en su dentror.
Su cabeza era una maraña, muy alentada gracias a la cantidad de medicamentos a la que estaba sometida, por obra y gracia de algún ente que quiso ayudarle y que sólo complicó las cosas. No le gustaba dormirse, porque vez que cerraba los ojos, veía que cada persona a su alrededor le miraba de forma acusatoria, como diciendo "¿hasta cuándo nos engañas?", o "¿qué demonios te crees, que nos importas?". Vez que cerraba sus ojos, veía su rostro surcado de heridas, sus manos temblando y su cuerpo, si no destrozado, en vías de serlo muy pronto. Vez que cerraba los ojos sentía un torbellino en el estómago y una roca en la garganta; un ardor en las ojeras y una sequía en los ojos. Sentía el pecho apretado y que todo le daba vueltas. Pero no podía abrir los ojos, porque su cerebro de mierda siempre le llevaba como punto fijo su imagen en el espejo; esa imagen cínica y muerta, que no revelaba más que el bicho que era.
Bicho.... sí, bicho era la mejor palabra para describirla. Parásito, también, podría ser una aplicación más o menos realista de las cosas. Siempre a la siga de alguien, siempre importunando a alguien... siempre alimentándose de las sobras de atención que el resto, "el resto" le dejara. Y es que ella no podía sino vivir de esa manera y, al mismo tiempo, no podía seguir haciéndolo.
Pero los bichos nunca desaparecen del todo de la faz de la tierra, y ella sabía que, por mucho que se odiara, por mucho que se intoxicara casi a diario entre pastillas, alcohol y neurotismo, no sería capaz de hacer nada contra ese hastío de sí que tenía. Porque el instinto de sobrevivencia era más grande que la idea de vivir, o de sentir algo. O de considerarse una persona, en todas las de la ley.o, porque ella no tenía derecho para hacerlo; se lo había quitado ella misma muchos años atrás, sin recordar bien el porqué.
¿Quería ser persona? ¿Quería dejar de ver a la cínica frente al espejo? ¿Quería dejar de revolcarse en su propio excremento mental y salir de una vez? Posiblemente, pero eso no era suficiente. No, no era suficiente. Primero tendría que nacer de nuevo para ser alguien diferente; alguien que pensara diferente, que sintiera diferente y a quien no le naciera tan naturalmente el ser rastrera, poca cosa, amargada, absorvente, maquinera y manipuladora. Tendría que pegarse un tiro, pagar las culpas en el infierno y volver a la vida como un otro... como uno de esos otros a los que ella seguía servilmente.
No iba a llorar por eso, se reconocía. Las lágrimas eran para ablandar el corazón de algún otro que le brindare algún tipo de secreta satisfacción, para que le permitiera estar un poco más cerca de él, no para malgastarlas en sus sesiones diarias de sadismo mental y masoquismo corporal. La culpa y el asco le eran tan innatamente necesarias que la idea seria de desprenderse de ellos no dejaba de ser sólo eso, una idea, y hasta ella lo reconocía en su cabeza.
Malgastó un suspiro, se dio vuelta y cerró los ojos, para dormirse. Y dijo hola de nuevo a sus pesadillas, como cada noche. Qué diablos, se decía siempre.
Es lo que soy.
Si pasa, no se tome en serio lo que digo. Guarde prudente recelo. Es su locura o la mía.
sábado, 5 de marzo de 2011
lunes, 28 de febrero de 2011
De la reconstrucción y todo eso.
Ayer tuvimos un bombardeo –literalmente- de imágenes, reportajes y despachos por televisión abierta respecto al dichoso “27/F”, aquel terremoto y maremoto que hace un año azotó esta huincha de tierra larga y angosta.
Ayer se conmemoraba un año desde que medio país se despertó porque el piso se movía más de lo que la ebriedad acostumbraba, y que el mar, que “tranquilo nos baña”según el himno patrio, decidiera revolverla un poco y cobrar venganza por tanto desprecio que le demostramos, ensuciándolo a diario, llevándose a cambio vidas humanas en canje.
Ayer se hizo un eco multitudinario del descontento existente porque los planes de reconstrucción avanzan a paso de tortuga, dejando a miles de familias varadas en mediaguas o de allegadas en casas de familiares, todavía.
Si bien el terremoto no me afectó tanto como a esas familias (sólo se nos quebró la mesa, los adornos y toda la colección de vinos de papá), porque mi casa siguió en pie y con todos sus muros útiles, me causa mucha extrañeza todo lo que ello implicó para el resto. Quizá sea porque me pasé una semana incomunicada del resto del mundo, salvo los cortos mensajes de que el resto de la familia y amigos estaban bien, que ahora miro con algo más que mero morbo ese mismo instante para el resto del mundo.
Sin embargo, no puedo sino pronunciarme -humildemente- frente al actual panorama. Políticamente hablando, este asunto implica una maraña de dimes y diretes, de palos que van y vienen entre el oficialismo y la oposición. Que no se hacen las cosas, que van muy lento, que se hacen truchas... Los ex habitantes de La Moneda no hacen sino restarse de las iniciativas o sólo ponerlas en duda, despreciando lo que el gobierno trata de hacer. Tampoco es que los defienda a brazo partido; sólo expreso mi opinión. No obstante ello, me da mucha rabia que nadie sea capaz de asumir abiertamente las cosas. Hasta en un país desarrollado la reconstrucción se demoraría por lo bajo 5 años; ni hablar en uno “en vías de” como el nuestro. El tema de los subsidios no es sólo entregar y comenzar; los trámites burrocráticos son demasiados para entregar platas del erario público, por lo que acortar los trámites a lo más que se puede implica una muestra de buena voluntad y de ánimo por mejorar las cosas que no recuerdo haber visto años atrás. Cabe recordar que hace varios años atrás también hubo un terremoto en el norte del país y se abandonó de la palestra informativa al poco andar. ¿Alguien sabe cómo se arregló eso? Si mal no recuerdo, la actual oposición fue la que estuvo a cargo de esa tragedia...
Lo triste, además de las pérdidas en vidas humanas, es que de a poco todos van creyendo que el estado está en la obligación de resolverles todo por la vía expedita, en vez de asumir también algo de responsabilidad por sus propias vidas. Hay muchos, muchísimos, que han hecho todo lo que tienen a su alcance para salir del mal trecho, a los que les caben todos los méritos por lo que logren, pero hay otros (que son los que más ruido hacen, tristemente) que esperan de brazos cruzados que les arreglen todo, como esperando que les caigan las cosas del cielo. Y claro, como no llegan, acuden al recuerdo enaltecido de los antiguos dirigentes... aunque también abundan los que no tuvieron mayores daños y aún así les da por reclamar. Aunque contra todo, claro, pero eso es harina de otro costal.
Es más triste aún pensar que si esto no hubiera ocurrido, tampoco hubiera habido algún cambio en cómo se llevaban las cosas frente a las tragedias, porque para el nuevo gobierno no era una prioridad. No nos hagamos los tontos: más allá de la operación daysi del colegio, nadie tuvo jamás una educación formal o más menos decente para enfrentar las tragedias. Lo espantoso es que vivimos en un país suicida: enclavados en el llamado “cinturón de fuego del Pacífico”, o se nos mueve la tierra cual garota bailando samba, o estamos a merced de las erupciones volcánicas de la tierna cadena de cerritos iracundos que abundan en el país. ¿Y acaso hemos tomado conciencia de ello? Estamos en el borde de una falla geográfica de importancia, ¿y dónde es que construimos nuestras casas y balnearios? En el caso de que el volcán Maipo despertara, la lava llegaría hasta donde está el aeropuerto, arrasando todo Santiago. ¿Y alguien sabe o ha oído hablar de planes de evacuación? Hasta donde sé, en varios edificios de la capital hubieron problemas en la evacuación porque se trabaron puertas y otros. Por la propia histeria colectiva irrumpieron saqueos y acaparaciones en supermercados y demases. A todos nos costó encontrar linternas, pilas o por último velas para pasar esa noche larguísima. ¿Qué tal nos habría ido con un poco más de conciencia al respecto? De partida, no tendrían que haber colapsado los edificios: tendrían que haberse cumplido (o hecho cumplir) la normativa antisísmica vigente; la institucionalidad a cargo de las alertas no debió haber sido tan negligente, aún habiendo información desde agencias internacionales gritando poco menos de los riesgos que se nos venían encima. Con un poco de criterio y educación sísmica, la gente de la costa debería haberse mantenido en los cerros, pues es de conocimiento básico y vital el que si hay un sismo que no te permite mantenerte en pie en un sector costero, hay que poner pies en polvorosa hacia lo más alto que se pueda.viernes, 25 de febrero de 2011
Aliados.
El terror es algo espantoso. Fluye por la sangre tal cual como lo hace la adrenalina, pero en vez de impulsar, detiene, frena, congela. Hace que el cerebro se inunde de imágenes ensangrentadas, de planos quebrados, de ideales destruidos desde sus bases; hace que el corazón lata más rápido, pero que la temperatura baje más y más.Hace que la garganta atenace, que trate de matarte por dentro, sintiendo la presión que te surge del pecho; que se te desarmen las entrañas, que los pies sean gelatina y que no puedas huir, porque en el cuerpo propio es donde todo está.
El terror hace que una no quiera más nada, pero es peor cuando el terror se junta con la culpa.
La culpa, esa maldita infame, que se burla de una en la cara porque sabe que si no hubiéramos hecho algo antes, ella no estaría. La culpa se regocija en los recuerdos; acelera la imaginación creando los miles de futuros diferentes que habrían de no haber hecho aquello que le dio vida. La culpa siempre requiere los servicios del llanto, pero no de ése que es un bálsamo, que alivia y quita la pena; siempre se alía con el llanto a saltos, que desgarra, que surge a borbotones y que no se acaba, ése que va con los gritos y gemidos que no liberan, sino que aprisionan y que no hacen más que quemar las mejillas al caer las lágrimas y que desgarra la garganta.
La culpa y el terror no son buenos aliados, no son sanos. Pero son eficientes, si lo que se busca es la destrucción. Aún más, si es la autodestrucción.
El terror hace que una no quiera más nada, pero es peor cuando el terror se junta con la culpa.
La culpa, esa maldita infame, que se burla de una en la cara porque sabe que si no hubiéramos hecho algo antes, ella no estaría. La culpa se regocija en los recuerdos; acelera la imaginación creando los miles de futuros diferentes que habrían de no haber hecho aquello que le dio vida. La culpa siempre requiere los servicios del llanto, pero no de ése que es un bálsamo, que alivia y quita la pena; siempre se alía con el llanto a saltos, que desgarra, que surge a borbotones y que no se acaba, ése que va con los gritos y gemidos que no liberan, sino que aprisionan y que no hacen más que quemar las mejillas al caer las lágrimas y que desgarra la garganta.
La culpa y el terror no son buenos aliados, no son sanos. Pero son eficientes, si lo que se busca es la destrucción. Aún más, si es la autodestrucción.
jueves, 10 de febrero de 2011
¬¬
A veces se me olvida que yo soy yo, y me miro como si fuera una tercero ajena a mi vida. Y me juzgo.
Suelo ser cruel, insidiosa y maldita.
No sé qué tengo contra mí misma, que siempre me repelo sola.
Suelo ser cruel, insidiosa y maldita.
No sé qué tengo contra mí misma, que siempre me repelo sola.
miércoles, 2 de febrero de 2011
Aislamiento
Antes de tener esto que se llama internet en mi cuarto (porque es el único lugar de la casa al que llega), las vacaciones eran un poco sicópatas. Tenía que ir al ciber para revisar las redes sociales y saber de mis amigos. Me pegaba más rato al teléfono hablando con mis amigas. Y leía mucho más de lo que he leído éste, en particular; año en el que me conecto todas las noches para "conversar con la gente", como me digo hipócritamente, sabiendo que en realidad me meto para hablar con una sola.
Antes de esto que se llama internet, las cosas las podía escribir tranquilamente y corregirlas mil veces. La musa me visitaba más a menudo, salía más con mis amigas, me enteraba de más copuchas por salida y en verdad se podía tener una conversación larga que no estuviera inmersa de relleno.
Antes de esto de la internet podía hacerme ilusiones de cómo estaría el resto, y si me echarían de menos en alguna parte.
Mas, la realidad con internet ha sido otra. En realidad todos, al estar conectados, pecamos de egoístas, de no querer saber del otro, sino que el otro sepa de uno, porque es una la que se expone públicamente, a ver si alguien engancha y pregunta. Hablamos con un computador, nos gustan frases idiotas, decimos lo que hacemos hasta por lo más mínimo, a ver si alguien, alguien por ahí se acuerda que existimos.
Porque en esta megamarea en la que nos metemos todos los días, estamos en realidad más aislados que nunca.
Antes de esto que se llama internet, las cosas las podía escribir tranquilamente y corregirlas mil veces. La musa me visitaba más a menudo, salía más con mis amigas, me enteraba de más copuchas por salida y en verdad se podía tener una conversación larga que no estuviera inmersa de relleno.
Antes de esto de la internet podía hacerme ilusiones de cómo estaría el resto, y si me echarían de menos en alguna parte.Mas, la realidad con internet ha sido otra. En realidad todos, al estar conectados, pecamos de egoístas, de no querer saber del otro, sino que el otro sepa de uno, porque es una la que se expone públicamente, a ver si alguien engancha y pregunta. Hablamos con un computador, nos gustan frases idiotas, decimos lo que hacemos hasta por lo más mínimo, a ver si alguien, alguien por ahí se acuerda que existimos.
Porque en esta megamarea en la que nos metemos todos los días, estamos en realidad más aislados que nunca.
domingo, 23 de enero de 2011
Romeros
Hoy vino mi tío Luis. Con toda la familia, claro está. La tía Ale está regia, se ve muy bien; la Mali está enoooorme... entra a kinder este año, y al Pipe le ponen salitre en las patas cuando duerme parece, porque siempre llega más alto...(pendejo alza'o no más xD).
Vino, y la casa se llenó de risas. De bromas, de chistes cortos; de agarradas p'al web...
Vino, y la revolución de alegría se hizo en mi casita. Hacía falta, vale decir. Este finde me esperaba una guerra nuclear, o casi. Pero no pasó nada, menos mal.
Vino mi tío, y nos reímos todos. Se agrandó la familia por un rato. Once rica, torta para Julio, que ya cumplió 13 años (¡cómo pasan los años!), souveniers de España y de Francia; relatos de defensas de tesis, de vida universitaria; bromas sobre el gusto al escoger parejas, chistes que sólo una mitad de la mesa oye, porque nos hacemos tantos que se hace pequeña, pequeña.
Viene mi tío, y se hace la revolución de los Romero en mi casa. Porque mi tío es Romero, igual que mi madre. Ambos morenitos, crespitosmientras mi tío tuvo pelo; ambos risueños, ambos jugosos. De él salieron dos, de ella salimos cuatro. Y aunque no exista ningún vínculo sanguíneo, sino sólo el alcance de apellidos, el tío Luis se siente de la familia, porque así lo ha sido durante los 18 años que lo conocemos nosotros, y los más de 30 que lo conoce mi papá, que es quien nos lo presentó.
Y se hace la revolución de los Romero, digo e insisto, porque nos reímos todos; porque el jugoseo emana de nuestros poros y saca la mejor parte de nosotros, que es la alegre. Porque llega y arrasa con toda tristeza o rencor existente, aunque sea por una once un domingo perdido.
Porque nos une a todos, más aún a esta familia quebrada que igual junta las piezas en el marco del puzzle, que es la mía.
Vino, y la casa se llenó de risas. De bromas, de chistes cortos; de agarradas p'al web...
Vino, y la revolución de alegría se hizo en mi casita. Hacía falta, vale decir. Este finde me esperaba una guerra nuclear, o casi. Pero no pasó nada, menos mal.
Vino mi tío, y nos reímos todos. Se agrandó la familia por un rato. Once rica, torta para Julio, que ya cumplió 13 años (¡cómo pasan los años!), souveniers de España y de Francia; relatos de defensas de tesis, de vida universitaria; bromas sobre el gusto al escoger parejas, chistes que sólo una mitad de la mesa oye, porque nos hacemos tantos que se hace pequeña, pequeña.
Viene mi tío, y se hace la revolución de los Romero en mi casa. Porque mi tío es Romero, igual que mi madre. Ambos morenitos, crespitos
Y se hace la revolución de los Romero, digo e insisto, porque nos reímos todos; porque el jugoseo emana de nuestros poros y saca la mejor parte de nosotros, que es la alegre. Porque llega y arrasa con toda tristeza o rencor existente, aunque sea por una once un domingo perdido.
Porque nos une a todos, más aún a esta familia quebrada que igual junta las piezas en el marco del puzzle, que es la mía.
jueves, 13 de enero de 2011
Wakala
Antes que todo, he de hacer notar que me duele la cabeza y estoy muy sensible, así que si sale feo, no me joda.
Estoy molida. Me puse a trabajar de esclava para un importador coreano de todas las ws que siempre miré con ojitos brillosos desde el papel de consumidora buscando material para manualidades. Pues bien, ahora estoy al otro lado de la vitrina. Y hay veces en que me desagrada completamente la especie humana en su totalidad. De partida, mis compañeras de trabajo han aguantado más de un año -algunas- al puto explotador que las contrata (al menos, a mí me tiene a la vida) por el mínimo, casi 10 horas de pie durante 5 días (y el sábado baja a la mitad), sin sillas, con 30 minutos de colación y acopañando ese rico mix con su delicioso aroma personal y su adorable cara de poto.Yo, nada más que de apretada (quiero mis lucas! me quiero ir de vacaciones decentes sin tener que pedirle a mis papás) y porque mamá me dijo que no llegaba a fin de mes, sigo ahí, pero no pesco mucho ni me mato. La gente que llega se encarga de ello. Y llega cada gente... personas amables, que entienden que el otro es tan persona como ellas; pero otras... que creen que sólo se está ahí porque fuimos destinadas a atenderlas; que no procesan que hay que hacer las cosas con celeridad o que no entienden que una también se cansa, que también tiene sueño o que también le duelen los pies; que no tiene la obligación de serles dóciles y mostrarles pleitesía si ellas no son capaces de mostrar respeto.
Además, cada una tiene su propio drama humano; cada quien tiene sus problemas, su smanías y sus penas.
Tengo wakala. A veces me da wakala el mundo.. La mayor de las veces me doy wakala yo. Otras muy puntuales, me dan wakala los hdp que existen en el mundo, que hacen llorar y sufrir a quienes no se lo merecen, porque -a diferencia de ellos- son personas que valen la pena.
Pero eso. Tengo wakala.
Estoy molida. Me puse a trabajar de esclava para un importador coreano de todas las ws que siempre miré con ojitos brillosos desde el papel de consumidora buscando material para manualidades. Pues bien, ahora estoy al otro lado de la vitrina. Y hay veces en que me desagrada completamente la especie humana en su totalidad. De partida, mis compañeras de trabajo han aguantado más de un año -algunas- al puto explotador que las contrata (al menos, a mí me tiene a la vida) por el mínimo, casi 10 horas de pie durante 5 días (y el sábado baja a la mitad), sin sillas, con 30 minutos de colación y acopañando ese rico mix con su delicioso aroma personal y su adorable cara de poto.Yo, nada más que de apretada (quiero mis lucas! me quiero ir de vacaciones decentes sin tener que pedirle a mis papás) y porque mamá me dijo que no llegaba a fin de mes, sigo ahí, pero no pesco mucho ni me mato. La gente que llega se encarga de ello. Y llega cada gente... personas amables, que entienden que el otro es tan persona como ellas; pero otras... que creen que sólo se está ahí porque fuimos destinadas a atenderlas; que no procesan que hay que hacer las cosas con celeridad o que no entienden que una también se cansa, que también tiene sueño o que también le duelen los pies; que no tiene la obligación de serles dóciles y mostrarles pleitesía si ellas no son capaces de mostrar respeto.
Además, cada una tiene su propio drama humano; cada quien tiene sus problemas, su smanías y sus penas.
Tengo wakala. A veces me da wakala el mundo.. La mayor de las veces me doy wakala yo. Otras muy puntuales, me dan wakala los hdp que existen en el mundo, que hacen llorar y sufrir a quienes no se lo merecen, porque -a diferencia de ellos- son personas que valen la pena.
Pero eso. Tengo wakala.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)