lunes, 7 de octubre de 2013

De reencantos y otras magias.

Hace mucho, pero mucho tiempo, que no podía decir genuinamente que estaba feliz. No digamos que las cosas son precisamente fáciles. La casa, la pega, el grado, la vida... en general las cosas no hacen sino compejizarse.
Y es que en verdad, la vida no es sino eso, un desafío tras otro; un recolectar de gente que están por algún motivo en el camino y que pueden seguir siempre o pueden despedirse en una curva del trayecto: un ir y venir de experiencias, de llantos, de sueños y de convicciones que al final se moldean por las caídas que tenemos y el cómo nos terminamos de levantar.
Pero la vida siempre trae algún remanso, algún recodo donde sentarse a respirar, a llorar o a dormir, para llenarse de energías, para admirar el paisaje o para recuperar los sueños empolvados.
Hoy, tengo mi remanso. La pega es absorbente, el estudio sempiterno y pseudo-constante del grado es agotador; la casa es un lugar de sueños y de pesadillas sin mayores distinciones.... Pero el camino se encargó de cruzarme con una de las tantas partes en que mi alma se debió haber dividido hace miles de años, para reconocer lo bueno, enfrentar lo malo y ayudarme a pararme nuevamente con fuerza y con esperanza de cara al futuro.
Enamorada, -y sí, viene la parte medianamente melosa, pueden saltársela- pero con los pies tan firmes en la tierra que llega a dar risa. Con millones de planes estratégicamente dispuestos en una carta Gantt para asegurar que los cumpliré. Un motivo más por el que sacar luego mi carrera. Con un partner, por fin, más que con un dios en un altar. Con alguien humano, de carne y hueso, pero de una carne enviciante y de unos huesos firmes como acero, que también le permiten estar de pie enfrentando al mundo firme y sin duda.
De reencantos habla esta nota.  Y vienen porque el tener la ingenuidad de vuelta, de sentir cosquillas, de sonrojarse, de sonreír aún cuando el mundo se pone cuesta arriba, es reencantarse con la vida misma, y con las partes del alma que creí quemadas hace tanto tiempo atrás.
El buscar la felicidad de los otros sólo por un gozo altruista del pecho es más mágico que nada en estos tiempos. Sonreír a los ancianos y a los niños, ayudar sin esperar que alguien lo agradezca, el alegrarse de interactuar con la gente y cambiar en algunos minutos su vida, son pequeños elementos de magia que existe en el universo y que olvidamos demasiado a menudo que existen.
Lo malo es que olvidar esa chispa es muy fácil, y caer en la rutina de la indiferencia es más fácil todavía. Pero hay veces en que el camino se encarga de ponernos junto a a alguien que nos sacude ese olvido y esa comodidad, para seguir maravillándonos con lo que existe bajo este cielo -un poco contaminado, pero bueno- que nos cubre.
Ojalá a todos les llegue ese despertar. Sinceramente hace la vida más brillante.

martes, 7 de mayo de 2013

Ingenuidad (de vuelta)


Es divertido cómo se vuelve tragicómicamente a la ingenuidad innata de la básica. Usualmente asumiendo roles que no corresponden a la edad o al desarrollo propio de las personas, de repente se nos olvidan cosas básicas, o que debieran serlo si una no hubiere tenido un camino tan… bizarro, para crecer. Algo tan básico como notar cuando alguien te gusta, o cuando le gustas a alguien; traducir las señales que se mandan (o entender por qué carajo malentienden las que una manda, paveza innata, podría decirse) se transforman, aún en estas tempranas etapas del camino, en una odisea casi equiparable a tratar de entender alemán.
Pero es divertido –a veces- perderse y enredarse en esas señales. Hace tanto, tanto tiempo que no las sentía, que casi da risa tenerlas tan cerca. Da gusto, en cierta manera, volver a la inocencia y a la alegría que da intercambiar dulces (en serio, a quién demonios la hace feliz eso, aparte de a mí?), o a la ternura que generan los torpes saludos o despedidas; los intentos genuinamente burdos en tratar de tener un acceso más familiar, o un toque menos impersonal de esa otra persona que hace que genere una lista de reproducción sólo para sonreír como posesa en la calle.
En fin, es divertido sentir esa ansiedad que no altera brutalmente mi colon, como los desafíos académicos (?) y que, sin embargo, me hacen una persona genuinamente sonriente y feliz. Aunque sea un poco –sólo un poco- creepy.

lunes, 28 de enero de 2013

Inspiración de vuelta.


Es curioso cuando la vocación surge como epifanía a destiempo, o cuando las tripas son más acertadas que tu cabeza para guiar el camino o no. Recién egresada de la carrera, me vengo a dar cuenta que sí, me gusta y por fin siento que no seré un cero a la izquierda ejerciendo... pero que la necesidad del arte es tanto más fuerte que el mero hobby, que además queda manco frente a la falta de herramientas para expresarlo. O frente a mi desidia por practicar, que también sería una alternativa.

Las ganas absoluta y completamente viscerales de querer componer la melodía más modesta, o el deseo grandilocuente de hacer emanar de mi cabeza el complejo bloque que represente en el oído las emociones más rudimentarias en el ser humano; la incapacidad técnica de ejecutar un baile furioso y violento al ritmo de la música más transgresora, o de flotar entre las nubes en los más clásicos que me encantaría aprender; la realización de que no existe conocimiento, mi maestro ni la suficiente voluntad quizás de ser aprendiz, aún cuando la necesidad (porque no es capricho, pasa a ser una carencia del alma) de moverme, quebrarme, cantar tan agudo que rompa copas o con tanta pasión que quien me oiga sepa exactamente qué existe en mi pecho es físicamente dolorosa.

Es divertido cuando, a destiempo -para variar-, vuelven los talentos olvidados, o vuelve la inspiración por la admiración casi irracional por alguien que es excepcional en todo lo que hace, advirtiendo de golpe y porrazo que con algo más de sacrificio uno puede ser casi tan prodigioso como aquel que se admira. No es que una tenga los humos en la cabeza de la noche a la mañana; es más bien que los humos por fin se fueron de ella para permitir la visión de todo el campo en barbecho que existe para cultivar, ahí esperando a que una se ponga guantes, agarre la pala y empiece a trabajar.

Es satisfactorio cuando las ilusiones no deprimen, sino que alegran de manera más genuina que una sonrisa fugaz, que no pasan por segundos sino que acompañan y llenan de a poco. Ilusiones que estoy dispuesta a convertir en realidad porque, a la larga, son la mitad de mí que abandoné en el minuto que la "practicidad" llenó mi horizonte, y que hoy, ya orgullosa de su trabajo, se echa a dormitar para que la musa, ninfa, demonio o lo que sea que se escindió vuelva al campo de batalla a plantar frente con todo lo que tiene. Y por suerte, es realmente mucho lo que guarda.

lunes, 23 de julio de 2012

¿Y cómo voy?

Hoy hablé con mi fantasma personal. Conversación medianamente fluida, de unos cuantos minutos. Un par de comentarios corteses, un poco de información intrascendente.
"¿Y cómo vas tú?", me preguntó. No supe sino responder banalidades. Que tengo un tablet, que me gustó mi taller de memoria; que en la pega a veces me dejan a cargo y que me subieron el sueldo. Que llevaré a mis hermanos a un show de humor.
¿Y cómo voy yo?
Mis amigas dicen que estoy más agresiva y menos feliz. Mi padre dice lo mismo, que ando más neurótica y gritona. En la pega, ante una tensión extrema, me pongo fucsia. En coro, soy más irascible si no se siguen las instrucciones que la Directora indica. En casa, es cada vez menos el tiempo que paso. Ya me gusta la cerveza, y hasta probé el cigarro, aunque definitivamente eso no es lo mío.
¿Cómo voy yo?
En verdad voy ladrando por la vida, si siento la libertad de hacerlo. No tengo la obligación -¡por fin!- de ser un terrón de azúcar con pies. Sigo igual de soñadora que como lo fui desde un principio.He vuelto a la música que me gusta, y a leer lo que me place. Centro mis energías en ayudar en casa, quizá no en mano de obra, pero sí en lo económico a medida que se pueda. Siento que sólo me rodean los que vale la pena tener cerca, y los valoro muchísimo más de lo que hice en algún minuto del camino.
Sigo amando a mis amigas de toda la vida, sigo riendo con las que van apareciendo, pero no es ya una sonrisa impuesta por costumbre o decoro. Río porque quiero, y ya. Así también no pienso adular o alegrar a alguien porque el tiempo de conocer imponga. Si me nace, bien, y si no, que se joda.
Sí estoy más agresiva, y se nota. Pero he vuelto a la ironía, al cierto desenfado que soñé en algún minuto; al desparpajo de quedarme de pie a la mitad de la calle admirando cornisas y pensando en cómo me demoré tantos años pasando por ahí sin notar la belleza que se cernía sobre mí.
Soy valorada en mi trabajo, y al parecer, mis amigas no cejan en cariño aunque motivos para dejar de hacerlo sobran a veces.
Soy más inconexa aún que antes, pero eso sólo me hace feliz, porque ya no estoy tan en torno de una meta imposible. Sigue rondando, y no lo dejará de hacer sino hasta que me dé alzheimer. Lo sé, lo asumo y me lo banco. No queda de otra. Pero sigo adelante. A punta de historias, karaokes, más cerveza de la que habría esperado y de noches de dedos congelados si logro conversar gracias al teclado con quien me tenga paciencia.
¿Cómo voy yo?
No tengo pareja, ni pretendo tenerla en un buen tiempo. Es más por sanidad mental que por el sentido de soledad. El ostracismo autoimpuesto favoreció a volver a la coraza que harta falta hacía. A levantar los escudos y a formatear la vana idea de que el mundo es un lugar feliz. Lo es, pero a punta de esfuerzo. Y es en eso en lo que debo enfocarme día a día. En la felicidad de mí misma, que no se logra -¡oh, sorpresa!- haciendo feliz a un otro como centro de la tierra, sino con la satisfacción de ver un trabajo bien hecho, del cansancio ocular después de terminar un informe redactado a conciencia o de comprar algo para la casa o invitando a un amigo con el dinero bien ganado del mes. En la coreografía mental que se arma al oír una canción, o al gozo de alcanzar una nota como corresponde. En el íntimo placer que genera el ir sonriendo por la calle, aunque el día sea gris y me congele de frío.
¿Cómo voy yo?
Despacito por las piedras, como debe ser.
Y aprendiendo del camino.

jueves, 26 de abril de 2012

Par de patos


Oficialmente llegué a los 22. Estos años que he estado en la U han sido cada uno un ciclo distinto. Los 18 fueron los años marcados por los descubrimientos; los 19, por las ilusiones. Los 20 por los proyectos y los 21 por las caídas. Ahora siento que los 22 vienen llenitos, llenitos de energías para los avances.
Me siento bien conmigo; segura, sabiendo lo que soy y lo que puedo dar. Un poco consciente de lo que valgo y de lo que puedo pedir a cambio. Activa laboralmente, en el último año de carrera, con gran parte de la femineidad descubierta (aunque queda un gran paño que cortar) y aceptando, de a poquitos, como soy. Conforme, jamás, pero no es gracia tener todos los cambios de una.
Este año, quizás no hay tantas metas, o no tan elevadas ni distantes. Pero sí existe la plena convicción y el deseo de que se llegue a ellas. Empezar de una vez la tesis, seguir trabajando, terminar todos los ramos de forma decente y no morir en el intento; reencontrarme con mis  amistades y con mis gustos, esos que se dejaron de lado en alguna curva extraña del camino.
En el fondo, estoy feliz, y me siento bien con ello.  Y –espero- ésa debería ser la tónica de este par de patos que se me viene encima, a partir de ahora.

jueves, 1 de marzo de 2012

Desde cero

Mañana a las 5 hay que levantarse para dejar todo listo. Voy con mi hermana en viaje flash al sur, para ayudarla a instalarse, porque se va a vivir a pensión.Primer año que pasa lejos de la familia realmente, porque los dos previos estuvo con mi tía y mi abuela. Pero ellas no la quisieron tener más en casa. Vueltas de la vida no más.

Voy a ayudarla a ordenar clósets, a pegar pósters, a poner fotos y a tratar de hacerle de esa casa un rinconcito acogedor. Es su rincón, claro, yo voy como mano de obra no más.

Se va a una casona grande, dijo mamá. Yo no la conozco aún. Se va con doña Irma y 3 chicas más a quien ninguna conoce. Se va por un año a un terreno que de verdad no conoce.

Es su tercer año de carrera, pero aún así, partirá desde cero. La lavandería queda en el campus, tiene sus ollitas -tan pequeñas que recuerdan los juegos de una cuando chica- porque tiene que cocinarse para ella no más; tiene que acostumbrarse a no contar con nadie tan expedito en caso de urgencias, sólo la casera (porque mi mamá ya hizo tan buenas migas que está requetecontraencargada) y las amigas que viven en la pensión del frente.
Regulará sus horas de sueño y de estudios; tendrá que velar por su orden y su desespero, por el volumen de la música o por que se le rompió un pantalón y tiene que zurcirlo.
Mi hermanita, la más cercana, se está haciendo más adulta que yo, en cierto sentido.
Pero seguirá el camino sola. Lejos de nosotros, al menos, y lejos de cualquier supervisión espía y falta de confianza de ciertos miembros de la familia. Pero eso es otro cuento.

Lo que quería recalcar antes de divagar más aún, era que estoy orgullosa de mi hermana, pero que me da pena porque no tengo mucho cómo ayudarla. Desde más de 400 km de distancia no puedo correr en emergencias, ni puedo brindarle ayuda emocional o económica siquiera. Me da el mismo miedo que mi mamá,porque su pollito se le va. Pero el temor está.
Ojalá no pase nada, y demuestre así que los temores eran infundados. Que triunfe realmente en su demonio personal, que encuentre esa plenitud que busca y que en definitiva la pase bien y no se amargue como la que escribe. Que sea feliz, en el fondo, a ver si me enseña a mí cuando vuelva en vacaciones.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Everybody's gotta learn sometime

He despertado con pesadillas estos días. Sueños a destiempo, temores que no puedo confirmar porque se relacionan con quien ha sido vedado de mi vida, pero que no, sigue ahí y seguirá hasta que el alzheimer me llegue.
Siempre dije que no podíamos sacar gente de nuestra vida o nuestra historia, porque no seríamos lo que somos sin ese tramo de paraíso o de infierno.
Y heme acá, recordando tras el especial de Copano del 2006 del San Valentín de mierda, una de mis películas favoritas que había olvidado brutalmente.
Si te pudiera borrar, en verdad... me terminaría arrepintiendo.
Tal como ahora, por sacarte de mi vida.
Pero sé también que si no lo hago, jamás cerraré del todo.
Algo debiste aprender de mí. Y es justamente el que me hayas dicho lo contrario, lo que me duele.
Puedes tener todos los reparos que existan, tal como tengo yo los míos. Pero el no haberte sido de provecho, según tus palabras, es lo que me carcome.
En algún minuto, todos aprenderemos. Algo. Lo que sea. En algún minuto, espero, seré de utilidad para alguien. Sólo como remordimiento de no haberlo sido para ti, aunque lo intentara con todas mis fuerzas.

domingo, 15 de enero de 2012

Recuento

De a poco me he ido armando de paciencia y de tripas de hierro para dejar de sensibilizarme con mi auto ostracismo. Ya no me pesa tanto el no tener nadie con quien conversar por las ventanas porque siempre hincho a un pobre cristiano que me tiene paciencia todavía; ya me acostumbré a mi almuerzo musical huyendo de la gente porque el resto está trabajando y a los que no, no los quiero ver; de a poquito el mundo se va ampliando su poco y, aunque no vea mucho a nadie, no se siente tan feo.
Lo único malo es que mi cabeza sigue tan cuentera como siempre lo ha sido, así que armo teatros mentales quizá con mayor facilidad que antes, con gente que en verdad no sé si se dé para ello.
Entre salidas inesperadas, que la verdad me han sorprendido gratamente (como la salida a bailar tango que me dejó con hartas vergüenzas encima, pero con un muy buen rato, o el evento al que me invitaron esta semana, que fue una sorpresa y muy nostálgica en cierta medida), gente que estoy conociendo de a poquitos, actividades estrambóticas y resultados académicos que no me esperaba en verdad, las cosas van tomando un mejor cariz del que esperaba hace unos meses atrás. De a poco me voy viendo como la idiota de siempre, sonriendo por imágenes creadas a partir de nada por mi imaginación, pero que hacen que me vaya riendo sola por la vida, en la mitad de la calle, con la música a todo volumen en los oídos.
Tengo al menos la libertad de andar idiota por la vida sin afectar a terceros, porque definitivamente los obvío aunque estén por mi lado (y como con los que hablo ando más descarnada y cruel que nunca, se enteran de opiniones más crudas pero más aterrizadas), y el placer de mutar a la antigua Pilar -léase la maldita melosa que casi no mata a nadie- con los otros por el simple deseo de ser amigable... o más bien el serlo genuinamente, sin terrores detrás que lo gesten.
Lo único malo es que frente a muchos quedo como una maldita perra sin educación, pero.... al final, da igual, porque sólo queda este año de verlos (o de que me vean) así que mucho no creo que sufra(n).

domingo, 1 de enero de 2012

Año 2012

La centésima entrada -según el contador del escritorio- la ocuparé en lo que viene.
No hablaré del que se fue, proque no fue malo, sino que terminó como el hoyo, con todas sus letras.

Pero este año espero que sea distinto. Partió en aires distintos; en los que me vieron llegar al mundo-Valparaíso- para ver si me llenaban de vibras distintas. Los milagros pueden ocurrir, nunca se sabe.

Este año, parte con personas distintas. Por sanidad mental, a todos aquellos que quise y que tuve cerca mío, los alejo conciente y con plena capacidad de entender lo que hago. Y no es por desagradecida, como probablemente se entiende por mi cero tino al explicarlo. Lo hago para no terminar como el cacho indeseado ni como el lastre que siempre se queja. Seguiré haciéndolo, de ello no cabe duda, mas no con ellos porque han recibido mucho ya y todo tiene su límite. Probablemente, cuando ya mi cabeza esté en orden nuevamente, y no en caos como ahora, volveré a tratar de reestablecer los lazos importantes. Y si no se puede, pues agradecida no más, que es por decisión mía el alejarse.

Comenzaré de cero, espero, con amistades, soledades y empeños nuevos. Trataré de encontrar pega, y si no, seguiré siendo la misma estudiante pobre con presupuesto pobre que he sido siempre. Las lucas no tienen por qué neurotizarme tanto, porque ya no hay en quién gastarlas.

Trataré de ser una estudiante más decente -porque hay que ser realistas, y no me volveré una estudiante modelo de un día para otro- para poder ser una ayudante que valga la pena en el ramo que me gusta; trataré de ser más tolerante con las malas notas, las frustraciones por causa de ello y de regular mejor los nervios traicioneros, que me hacen enfermar siempre antes de un control importante.

Trataré de juntarme más con mis amigas, esas que han estado toda una vida -casi- conmigo, que me conocen por el sólo timbre de voz y que me tienen caladita, caladita, como sandía.

Trataré de ayudar a los enanos, con lo del colegio; trataré de no neurotizarme tanto con ellos, porque también pasé por la edad del pavo y bien mierda que fui, así que lo justo es justo.

Trataré, por último, creo, de sanar las imbecilidades intrínsecas para poder dejar ir los recuerdos de una vez y dejar de odiar instintivamente, porque son odios tan fulminantes como pasajeros, contra quien no se lo merece. Quizás así termino de crecer.

Feliz año a los que se crucen por acá.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Ñe

Sip, de a poco me voy volviendo grinch de propia voluntad. Y es que al final de todo, de una vez la cara interna, que trataba de no ver, está saliendo. Voy aprendiendo cada día más cuan víbora puedo ser, cuan rencorosa y mala clase. De a poco voy enfrentando el hecho de que la ternura que dicen que tengo no deja sino de ser una muy coherente máscara de protección (y que debo reconocer, bastante elaborada.) Si mi temor es quedarme sola, la mejor manera de no quedar desvalida es causar una impresión tal de indefensión o de idiota compasión, para lograr un propósito trunco. Pero esta objetivación del por qué negaba siempre tal calificativo llegó de forma más fría de lo que había esperado.
Sí, me aíslo, y si bien por un lado tengo la firme intención de mandar a medio mundo al carajo- no porque hayan hecho algo malo; en esencia todas esas personas son buena gente- porque me desagradan, me molestan, me empelotan que sean tan happys y tan puros y tan empolvados en polvo rosa, hay otra parte que los echa de menos, porque en algún minuto compartió con ellos y se sintió relativamente cómoda y feliz en tal entorno.
Sin embargo, por muy "pasajera" que se espere que sea esta reacción, la realidad va tomando otro cariz. De verdad estoy dividida en esas dos partes, y la primera va ganando nada más que por mi favoritismo por ella. A ver si acaso soy capaz de verdad de ser indolente; ver qué tan lejos puede quedar el odio y el rencor mayoritariamente injustificado...

Quizás en verdad no deja de ser sino otro patético intento de ver a quién en verdad afecta que esté o no.  Por lo pronto, no guardo grandes esperanzas. Sólo una sensación de exhibicionismo, al declararlo abiertamente acá. Total, ndeja de ser un mosquito escondido tras una cortina. No incordia a nadie.

Una Mujer

Una mujer es de sol y de ceniza.
No sabe medir la distancia ni dimensiona bien las cosas.
Todo se está alejando para ella.
El presente se le vuelve pasado tan vertiginosamente que necesita hablado y afirmado para que se le vuelva tangiblemente realidad.
Por eso una mujer pregunta lo mismo muchas veces: porque sólo superponiendo las respuestas con la carbonilla indeleble de la repetición para que éstas coincidan, consigue acuñar una respuesta: monedita que atesora.
Ella es la playa de donde todo parte: el mar, la vida, el diario viaje del hombre y de los hijos.
De ella nace todo ... y no le pertenece nada.
Ella siente que su misión es dar: partir el fruto, abrir los pétalos dulces de su corola, y recibir le provoca culpa.
Quisiera ser un puerto de llegada, y es un puerto de paso, de partida.
Es el mundo el que gira loco por sus venas. No lo alcanza, sin embargo, porque está esperando y tiene miedo de irse y de que no la encuentren. ¿ Y si llegaran cuando yo no estoy? Una mujer es una vestal que cuida el fuego y guarda los recuerdos.
Nunca ha tenido algo completamente. Hasta su cuerpo es una duda que sangra cada mes, dejando huir un sueño o un temor o una esperanza ...
Es una orilla que no puede detener el río: lo acompaña en el instante de su paso y ni siquiera sabe si el espejo del agua se ha llevado su imagen.
Por eso una mujer necesita que se le digan todas las palabras del amor. Que se las repitan una y otra vez, así, al desvanecerse el primer sonido otro nuevo sonido se las entregue, enteras.
Y entonces ella será la caracola casi mágica que guardará en su interior el murmullo del agua del océano.
Una mujer tiene que pedir. Si no pide, se olvidan de darle.
y cuando le dan porque ella pide, recibe con dolor.
Pero no puede prescindir de todo, y aunque pedir la humille, pide, pide, pide siempre.
Y pide mucho para que no dejen de darle un poquitito.
Igual a los perros abandonados en la calle, que responden a cualquier silbido, ella sigue al que la llama con un retacito de ternura.
Le parece que crece con apuro, pero siempre está igual, desvalida detrás de su armadura de segura o de indiferente.
Una mujer no sabe perdonar porque no tiene acceso al olvido.
Desde niña le han ordenado: "No te olvides", y ella pensó que no tenía que olvidarse de nada. Y cada dolor está en ella tan crudo, tan vivo, tan presente, que para aliviarlo tiene que vengarse.
Casi nunca cuenta cuál es su venganza, porque teme ser castigada.
¡La han castigado tanto ya!
Sus venganzas, tontas, sutiles o monstruosas, son su único secreto. No se las confiesa a nadie.
De nada serviría entregarlas a alguien que las volviera en su contra, como acostumbra a usar en contra de los otros las cosas la gente que las conoce.
Una mujer imagina tan violentamente, que es como si viviera lo que imagina.
Ve cine en el techo de su cuarto y es la protagonista de películas que ninguno sospecharía.
Tal vez sea ella misma solamente cuando se sueña, se inventa, se sumerge en ese cine solitario de su pensamiento.
Y a veces, ese cine solitario de su pensamiento es el único pensamiento sobre ella que rueda por el mundo ...
Las largas horas de la soledad le han impuesto su título de solitaria, de soñadora, de inventora, de creadora de irrealidades que son su precaria realidad posible.
¿A una mujer quién la nombre, quién le dice su nombre? Casi nadie.
Podría ser cualquier mujer y no ella en el momento más hondo del amor, cuando el hombre le dice "amor", le dice "corazón", le dice "cielo" ... pero no le dice su nombre, el nombre que la dibuja, que la colorea, que la recorta de las fotografías.
Una mujer casi nunca está entera. Fue haciéndose de a poquititos y también se morirá de a poquititos.
Porque una mujer no es una fruta que se desprende de pronto del árbol, como los hijos, como los hombres. Es una flor que se va deshojando pétalo a pétalo, avergonzándose de su sufrimiento pero aceptándolo como un rito, como una obligación ineludible o una maldición ancestral.
Una mujer está expuesta y casi siempre en carne viva, cicatrizando.
Tapándose las heridas para que no le echen vinagre sobre ellas.
Los hombres no pueden resistir la tentación de echar vinagre en las heridas, y ponen la excusa de intentar curarlas así. Por eso justifican las luchas, las guerras, las competencias despiadadas y crueles y las tildan de necesarias o beneficiosas ...
Una mujer, aun derrotada, deshecha, desahuciada, arremete igual.
Vuelve a empezar..
Vuelve a repetir los gestos del amor, de la. desolación, de la espera, de la pérdida, de la despedida, de la credulidad, del asombro.
Y repite las mismas preguntas, una vez, mil veces, un millón de veces, aunque la respuesta no sea la buscada, la esperada, la necesitada, la que la resucite o la haga brillar como un cocuyo emergido del césped mojado del verano, como una lentejuela rápida del traje de la bailarina.
Y seguirá preguntando incansablemente, insaciablemente. Seguirá preguntando: " ¿ Me querés?" " ¿ Me querés ?" "¿ Me querés?".



Poldy Bird

miércoles, 19 de octubre de 2011

Fin de semestre

Hoy terminaron de subirme las puñeteras notas de los exámenes que faltaban. Para variar, un asco, pero el tema central no es el rendimiento académico cuma que tengo ahora.
Este semestre que se ha hecho eteeeeerno ha dejado en claro que no, la vía fácil definitivamente ya dejó de favorecerme. No significa que ahora todo sea el fruto del sudor de mi frente, porque sinceramente no lo ha sido, pero de ahora en adelante eso es condición sine qua non para que las cosas me resulten.
Voy por la vida con esa dualidad de que todo tiene que salir bien y que tengo que pensar positivo para que las cosas pasen como tengan que pasar, pero para bien; y por otro esa tendencia masoquista brutal de como si quisiera que todo fuera un asco, como si quisiera adrede sentirme como un bicho rastrero.
Depende del día, del momento, del viento o de las alergias que van deambulando, pero como sea, este semestre se me ha hecho -por lejos- el más duro de todos, en cuanto sentido haya existido para interpretar.
Lo malo, volví a la soltería, la ilusión de la ayudantía que quería se fue a las pailas y, en verdad, mucho no aprendí, por estar preocupándome de ayudar para no ser un estorbo, estorbando en el proceso, claramente. Pero lo bueno es que me dejó en claro quienes son los imprescindibles, los reales...ah, y qué quiero hacer profesionalmente, al menos si me resulta de abogada, que si no, la microempresa de manualidades está igual. A coser se ha dicho.

Pero se acabó, se acabó...
Espero que el próximo, sea cuando sea que lo curse, sea más decente. Al menos, académicamente debería serlo, porque el precedente anterior (shiaaa) así lo demuestra.
Ojalá.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Corazón en la mano al habla

No podía seguir leyendo fallos de penal, ni mucho menos, ponerme a estudiar tributario, así que decidí darme el tiempo de la once para ver las páginas de ocio habituales y revisar esta cosa, a ver si encontraba algo decente o que me subiera el ánimo.
Y no, desafortunadamente no. Me topé con que si escribo cuentos, siempre son de locos o muertos o heridos o suicidas. Que si escribo pensamientos, siempre son trágicos, o por pena, ira o despecho; que las pocas entradas lindas, que en verdad hice feliz, fueron por sentimientos que ya no están y que-debo reconocer- temo que no volverán en mucho, mucho tiempo.
Y tengo terror a seguir releyendo entradas hacia atrás. ¿Tan deprimente soy? ¿Tan traumada estoy que no puedo inventar nada feliz? ¿Tanto pavor le tengo a estar sola?
Me deprime horriblemente el no ser capaz de dar vuelta la página de algo que tan claro tuve desde el principio; estoy tan aburrida de sentir el nudo en la garganta cada dos por tres y definitivamente no quiero bajo ningún aspecto terminar odiando o enrabiándome con alguien que no tiene la culpa de nada.
Lo peor es que teniendo las cartas en la mesa, soy incapaz de coger una y poder seguir caminando tranquila y en paz. Es el orgullo malsano al que le gusta picanearme pensando en que ya no le importo a quien en verdad no debería importarle; de que sigo quemando neuronas en alguien que no debo y que, por sobretodo, malgasto el tiempo del resto cayendo en lo mismo una y otra vez, siendo un lastre más que un aporte.
Ese afán masoquista que no consigo sacarme de encima hace que añore cosas que no pasarán, pero que tardé tanto tiempo en planear que -en la cabeza retorcida que tengo- casi fueron palpables al momento de dormir... y esa melancolía de mierda que me persigue hace que, pese a preocupar a medio mundo, me siga sintiendo desesperadamente sola y vacía.
¿Por qué si la cabeza es capaz de procesarlo todo, el pecho sigue oprimiendo a su antojo? Tan racional que me creía, tan manipuladora de mis propios sentimientos y reacciones para jugarle bromas al resto... y ahora las malditas emociones me van ganando la partida....
Ese estúpido deseo de que alguien venga y te abrace y con sólo eso te demuestre que le importas más que a nada en el mundo es lo que me va minando por dentro, y hace que no deje de llorar... porque quizás cuánto tiempo pasó antes de que la decisión cayera encima y de que se tomara en verdad...

Me quise comprar algo sólo para mí, hace unos días, como para reafirmar la estúpida idea de que ahora ya no gastaría en alguien más- sabiendo que en lo más profundo de mí misma (y de mi bolsillo) no me importaría seguir haciéndolo si valiera tanto para mí como solía hacerlo - y terminé comprando maquillaje. Algo muy pequeño, muy discreto, pero para aprender a usarlo. Casi con la idea de que si aprendo a maquillarme, podré cambiar de a poco la máscara que frente al mundo había estado tan reacia de mostrar nuevamente. Y es que no me gusta esa máscara, porque la recuerdo de una frialdad espantosa para conmigo misma, no con el resto. A ver si con el maquillaje se cubren los pedacitos rotos de los que me voy dando cuenta estoy quedando.

Tristemente, pese a todo, sigo con el lamento autocomplaciente que me desespera...y sigo sin hacer nada al respecto...

viernes, 9 de septiembre de 2011

Ángel para un final.

Sé que esta canción está ultrasonando por la triste tragedia ocurrida en Juan Fernández, con los 21 que murieron y con que era la canción que querían para el funeral de Felipe Camiroaga, pero no puedo dejar de ser egoísta y seguir viéndole un enfoque que me llega.

"Ahora comprendo 
cuál era el ángel
que entre nosotros pasó
era el más terrible, 
el implacable,
el más feroz. 

Ahora comprendo en total 
este silencio mortal.
Ángel que pasa,
besa y te abraza, 
ángel para un final."

Ahora, mirando hacia atrás, no sin dolor, pero con todo el ánimo de salir adelante, es que esta letra me llega como mazazo. Ahora comprendo los silencios del último tiempo, esos instantes que no eran tristes, pero que no eran cómodos.
Ahora me hace cruel sentido aquel último momento.
El final.

sábado, 27 de agosto de 2011

Caminos separados.

La semana pasada fue el término de una relación de 1 año y 4 meses. Al menos esta patita. Pero significó el cierre de un ciclo de amor y desamor, de odio y cariño, de caricias furtivas y de demostraciones de afecto de más o menos 3 años.
Duele, no se puede negar. Pero ya las cosas, por más cariño o esfuerzo que se le ponían, no resultaban.
A veces no todo es cosa de quererlo e intentarlo. A veces sencillamente no se da. Pero eso no significa que lo que hubo de por medio no fue real, que los sentimientos siguen y seguirán ahí, flotando y cobijando aquello que se amó, y que se ama todavía.
No hay odio, no hay resentimientos. Sólo pena, y añoranza. Las promesas no siempre se pueden cumplir, y eso hay que entenderlo.
Pero también está la alegría, y es lo que quisiera destacar. Saber que alguien es importante para uno, y saber que una fue importante para ese alguien, reconforta. Saber que lo que fue es verdadero, y que, pese a que habrá un trecho  de incomodidad y de dolor, éste es inevitable, pero que el recuerdo no se irá y nadie será capaz de reemplazarlo, alivia.
Confieso que fue mi primer amor; mi primer pololo, mi primera pareja, si se quiere. Fue el primero en mi vida, y eso no se olvida. Menos ahora que soy un poco más grande y puedo quedarme con lo bueno, que pese a todos los conflictos idiotas, las mañas, los regaños, los malos entendidos y todo lo demás, fue algo lindo; algo que quedará por siempre en mi corazón y que me dará fuerzas para seguir queriendo al resto, sin aislarme tanto del mundo. Porque pude amar, pude ser amada, y fue algo real.

Ya no caminaremos juntos por el mismo camino, pero debo ser justa, y agradecer que haya querido caminar conmigo aquel trecho que no deja de ser importante. Fue el inicio de la vida de "adulta" que he de emprender el que siguió a mi lado, y eso ni el alzheimer lo borrará.

Así que sólo queda respirar hondo, dejar el bolso de este amor a un costado del camino (con un bello cartel que indique dónde está, para volver a él y recordarlo con cariño, peo nunca más volver a cargarlo), enderezar la espalda, y caminar libre de carga un trecho más, hasta que otro ser humano se cruce en mi camino (o en el de él) y decida que caminar juntos un trecho no es tan mala idea.

viernes, 24 de junio de 2011

One of us

Me dió la weá melancolía y me puse a buscar en youtube la canción One of us de Joan Osbourne. Es una de las tantas que oía de pequeña, en la radio o por mis papás. Algún día divagaré de lo que me dejaron a través de la música...
El punto de buscar esa canción  fue instintiva, creo. Si Dios fuera uno de nosotros, acá, parado en la mitad de la plaza Italia... ¿qué pensaría?
No soy excesivamente religiosa. Mis padres, ambos de distintos credos (practicantes o no), prefirieron dejarnos la tarea de creer a nosotros cuando tuviéramos conocimiento y ganas de saber realmente del asunto, no por imposición. Así que mi Dios es alguien benevolente, que se ríe; al que le converso todas las noches, contándole del día, pidiéndole protección para los míos y los no tan míos, rogándole porque me haga una buena persona; un Dios que tiene paciencia, cariño y mucha pero mucha comprensión.
Entonces, si lo metiera en la mitad de la ciudad, en la virtual división de los pudientes y los que no... ¿qué haría? ¿qué pensaría?
Creo, inocentemente, que este mi Dios se perdería entre tanta gente, entre tanta mirada fea... Que siendo él tan amable, tan buena persona, quedaría un poco chocado con la mala voluntad de muchas personas, con la parquedad con la que van, casi sin almas que se noten. Siempre grises, siempre serios... siempre indiferentes con lo que le pasa al lado. Creo que después sentiría mucha pena, porque su esencia es el cariño, y no lo encontraría muy a menudo, al menos si se para a las 8 en el bandejón de Baquedano. Sentiría pena por tanta gente que se siente sola aún estando en medio de la marea humana, le dolería el pecho al notar tanta injusticia; las lágrimas correrían dolorosas por su rostro barbón al ver, cara a cara, la pobreza tanto de corazón como de bolsillo que tiene todo el mundo, cada quien en su medida...
Quizás después le daría una profunda rabia, porque vería que muchos de esos desencuentros, esos vacíos, esos malos sentimientos nacen de una mala educación, de malas oportunidades; de malos adoctrinamientos bajo alguna fe tremendamente castigadora o represiva...Le daría rabia al ver que su mensaje, que sus ideas, que sus intenciones con nosotros no están claras por un mensaje distorsionado que llegó de mala manera: no por convicción, sino por imposición.

Quizá también quedaría perplejo ante tantas invocaciones a su nombre para defender causas que él claramente no aprobaría. Que el matrimonio homosexual, que los casos de pedofilia en las iglesias (hay que darles a todas el beneficio de la duda, digo yo), que.... creo que se indignaría ante todo ello. -¿Cuándo dije que no al amor...al respeto, a la tolerancia...?-se preguntaría...

Pero quizás eso también le renovaría los bríos para hacernos mejorar un poco por dentro; para tratar de llegar a nosotros no importando si es barbón, si tiene o no prepucio, si le gustan mucho las señoras o si tiene 8 brazos. Para hacernos entender que en la esencia de nosotros mismos está el ser diferentes, porque él lo planeó así para hacernos la vida un aprendizaje y no un recreo; para aprender a querer al otro tal y como es, pero por sobretodo para querernos nosotros mismos gracias a que él también nos quiere... aunque a veces  lo haga a lo Beethoven.

viernes, 10 de junio de 2011

Devenires

Han pasado cosas. Cosas feas. Cosas lindas. Pero cosas, al fin y al cabo. Y hace que me den vueltas y vueltas los sesos, tratando de encajar las piezas y de que los engranajes de una vez comiencen a funcionar.
¿Qué se puede hacer cuando la gente no logra ponerse de acuerdo, porque discuten a distintos niveles y ninguno quiere abandonar la seguridad de su trinchera? ¿Qué se hace para evitar las roturas de puertas, el graznido de los goznes en un portazo, los gritos furibundos de gente irracional, que defiende a alguien ignorándolo completamente en plena discusión?
Lo más triste no es quedarse en media pelea, casi como árbitro. Lo más triste es dejar de querer verles la cara a los que discuten; es dejar de sentirse parte de un núcleo o, peor, sólo querer arrancar de ahí porque se asfixia.

¿Cómo sabemos que somos adultos? ¿Cuándo comenzamos a ser racionales? ¿Existe la consecuencia en el ser humano? ¿La empatía? ¿El perdón real, no ese cinismo canjeado por un par de horas de neutralidad? ¿La voluntad de llegar a buen puerto por el bienestar mental de uno y de los que quiere -o en su defecto, de aquellos a los que se tiene para cuidar-?

La racionalidad es cosa extraña, taimada, fugaz  pero siempre presente en la boca de cualquiera que crea que su punto de vista vale más que el de otro. Y tanto cuerdos como locos, abusan de su nombre y no de ella misma, tan necesaria muchas veces...

sábado, 7 de mayo de 2011

Sueño compartido

La verdad sea dicha, a menos que sea en mi camita, o esté realmente molida, me es casi imposible dormir con  compañía.  Al dormir suelo ser expansionista, y ocupar todo el espacio de mi lecho. Eso es algo que, claramente, con otra persona no se puede.
Pero no significa que estar allí con otra persona le da "algo", un toque a querer dormir. Tengo algo de experiencia de sueño compartido. De pequeña, siempre compartí cama con mi hermana, y siempre recordamos que ella se enojaba enormemente porque para que yo me durmiera, necesitaba estar rascándole la pancita.
Desde más menos los 10, que duermo con almohada y cojín, pues la almohada (que es más larga) siempre queda en mi espalda, como para hacerme la ilusión de que hay alguien que me acompaña. Antes, solía dormir abrazándola. Ahora sólo hace cucharita. (XD)
Cada vez que hacía pijamada en el liceo (que a decir verdad fueron muy pocas veces) me dormía con mi mejor amiga... y si bien a veces era un cacho porque nos quedábamos conversando hasta las tantas, y no no spodíamos acomodar bien porque mi cama era muy estrecha, siempre se sentía agradable...(aunque ahora siempre se burle de mí y diga que poco menos la abusaba... Konnie del mal ¬¬#)
Pero no hay nada mejor que dormir con alguien a quien se quiere cerca, muy cerca. El calor que el cuerpo de esa persona emite es muy especial, la sensación de un roce siquiera de los pies al darse vuelta; el poder acurrucarse en un pecho, o aferrarse a una espalda y tener un contacto... o quizá todo eso mezclado de una infaltable conversación en susurros, que mezcla todo lo hecho del día con lo que se planea, con conversaciones filosóficas y una que otra sonrisa...
Dicen que si se duerme con alguien, suelen compartir los sueños.
Como ya dije, me es muy difícil dormir con alguien... porque el sólo hecho de hacerlo es un sueño.

domingo, 27 de marzo de 2011

Orden hecha

Vi hace muy poco un video musical japonés, que publicó una querida amiga. En él, se le habla al creador (representado por un niñito muy cute) y se le pide, como si fuera una orden de comida, cómo queremos ser.
Me caló muy hondo, la verdad, y a falta de originalidad de mi parte, prefiero compartirlo con quien se cruce por estos lares.
Paciencia, y dénse el tiempo para oirla...
muchas gracias =^.^=

domingo, 13 de marzo de 2011

Quédate

-Quédate - le dijo, ella mirando a la pared, él sentado al borde de la cama.
Quédate, le dijo, por primera vez después de tantos ires y venires por camas ajenas, después de incontables encuentros clandestinos. Después de muchas promesas incumplidas, de ilusiones negadas; de puntos claros y ninguna clase de esperanza alimentada.
Quédate, le pidió, porque ya no le bastaba el mero roce de su cuerpo; ya no le llenaba el mero aroma; ya su cabeza no le daba permiso para seguir cegándose a punta de desangrar su pecho y de acuchillar su bolsillo. Ya la razón, la lógica, el libertinaje no le dejaban respirar tranquila, avanzar sonriente y olvidando lo que su cuerpo se empeñaba en demostrarle. Ya no podía justificar los nervios, las angustias; no lograba evadir las ideas en el alcohol o en los libros.
Quédate, le pidió, para poder tenerlo cerca una vez, una que fuera, sólo para tener a quien aferrar en la oscuridad de la noche sin luna que se colaba por el alma más que por la ventana; para sentirse en algún momento a flote en el océano de la soledad encubierta de calentura pasajera...
Quédate, le dijo, de espaldas, porque no quería que sus ojos la delataran y que él viera... que viera...que ya no podía con la parodia de amistad con ventajas; que el deseo que la consumía ya no era por un falo en ella ni por una mano que la recorriera y que la hiciera gemir; que lo que buscaba y rebuscaba entre la maraña de amantes no era sino un abrazo sincero, un momento de cariño, un alma compañera.
-Quédate- le dijo ella, de cara a la pared.
Y esa noche, él se quedó.